lunes, 7 de junio de 2010

GENERACIÓN PICK & CLICK

Han nacido a partir de 1988 y son los verdaderos protagonistas de la Sociedad de la Información. Una sociedad que avanza hacia un nuevo estadio: el de la innovación. Son la generación llamada a protagonizar el futuro. Tienen un gran desafío por delante y también muchos obstáculos que superar.
Uno de los elementos definitorios de la sociedad que les toca protagonizar es el impulso continuado del desarrollo tecnológico. De manera especial, el impacto de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) en el desarrollo ha sido brutal, y lo va a seguir siendo.
Ha desencadenado cambios profundos y se han puesto en marcha fuerzas que todavía estamos por percibir en toda su extensión. De hecho, las TIC son la clave para explicar la Sociedad de la Información y, de alguna manera, han llegado a darle su nombre. Su potencial de desarrollo es enorme.
El escenario tecnológico que proyectan las TIC tiene cuatro ejes fundamentales de referencia que explican su poder transformador.
1. El desarrollo del fenómeno de Internet como elemento que todo lo impregna.
2. La mejora continua de la interacción entre las personas y las máquinas, facilitando el manejo de las mismas y el acceso a sus posibilidades.
3. La miniaturización de los componentes microelectrónicos, el descenso de los costes de producción y el aumento del nivel de fiabilidad y facilidad de uso.
Por último, el proceso de migración continua: de lo analógico a lo digital, de la voz y el texto a multimedia y de lo fijo hacia lo móvil.
Cambio generacional
Señalados los cuatro elementos, vemos que el motor del cambio que suponen es impresionante. De todas formas, las cosas cada vez nos extrañan menos porque nos hemos ido acostumbrando. El mundo de posibilidades que las TIC nos abren para acceder a la información forman parte ya del día a día. Nos impresionaron especialmente hacia la mitad de la década de los noventa, cuando hablábamos de revolución, pero quince años después lo tenemos interiorizado.
En realidad, hemos hecho de este escenario tecnológico algo natural, pero todavía no lo hemos aprehendido. Qué duda cabe que son las nuevas generaciones las que de verdad utilizarán este potencial en toda su dimensión.
Para las nuevas generaciones esto es natural. Para las viejas, y no tan viejas, el impacto ha sido demoledor. Estamos en pleno proceso de transformación de la sociedad, de las viejas estructuras y relaciones a las nuevas.
En ese proceso de incorporación de la tecnología al desarrollo económico y social habrá ejemplos de una velocidad de incorporación vertiginosa -caso de la telefonía móvil- y otros en los que el ritmo será más lento. Hay un ritmo para cada cosa, para cada manifestación del poder de cambio, para la innovación. Atemperar los ritmos de cambio, de manera que la tecnología se ponga al servicio del progreso individual y social es uno de los retos fundamentales de la nueva sociedad. Tiene bastante que ver con la idea de articular procesos de desarrollo sostenibles a largo plazo, en los que la gestión del tiempo y la velocidad es fundamental.
Este escenario de cambio vertiginoso plantea un diálogo básico para el progreso entre las jóvenes generaciones y las viejas. En general, las élites dominantes están constituidas por los especímenes viejos, maduros, de la especie. Son los que marcan las pautas, dirigen y dicen lo que hay que hacer. Incluso son los que lideran el discurso del cambio y la innovación. Algo que parece contradictorio en sus propios términos, o al menos difícil de comprender. La mayor parte de las veces no existe un diálogo real entre los jóvenes y los que no lo son.
Las nuevas generaciones son diferentes, nacieron cuando la Sociedad de la Información ya existía, están acostumbradas a cosas distintas y su escala de valores es otra. Establecer el diálogo sobre la base del respeto mutuo es una asignatura pendiente.
La aproximación a lo que piensan las nuevas generaciones, en un intento de caracterizar a los jóvenes, no deja ser la mayor parte de la veces un ejercicio realizado desde las élites dirigentes y maduras. Normalmente suele proyectar una tendencia histórica, como la historia de la humanidad, de pensar que "cualquier tiempo pasado fue mejor", que "los jóvenes han perdido los valores", que son "cómodos, lo tienen todo hecho y no se comprometen", y un sinfín de lugares comunes que antes lo dijeron de nosotros, cuando éramos jóvenes, y ahora lo decimos de ellos, cuando no somos tan jóvenes. Así que mejor cambiar de chip e intentar comprender lo que les mueve.
Pues bien, en mi aproximación a estas nuevas generaciones me gustaría focalizarme en su capacidad de acceso a la información, lo que les da una ventaja competitiva tremenda. Son capaces de acceder a la información de inmediato, y su maestría en el corta y pega es ya legendaria. A golpe de clic navegan, como si fuesen aventureros que van de isla en isla, pican información aquí y allí, la empaquetan, y a otra cosa.
Información y capacidad de análisis
Esta capacidad es tremendamente positiva para desarrollar el conocimiento, pero debe ir acompañada de reflexión, y ahí es donde les acecha el peligro. Es tan fácil hacer clic, llegar, capturar, guardar y a otra cosa, que ¿dónde queda el pensamiento, la reflexión sobre la información?
Creo que el riesgo de la nueva generación es que se quede en el pick and click y no pase de ahí. Su desafío, bonito desafío, consiste en ser la generación del pick, click and think. Si lo hacen, el futuro de la innovación, al servicio del desarrollo económico y social, en definitiva del progreso, se presenta lleno de luces.
¿Cómo podemos colaborar para ayudarles a construir un futuro que será más suyo que nuestro?, ¿cómo podemos ayudarles a poner en valor la reflexión que transformará la información en ideas, en intuiciones y en conocimiento?Seguramente, empezando por reconocer que el futuro lo construyen ellos y nosotros, los maduros, por no decir viejos, debemos acompañarles en el intento, no condicionándoles y no estropeando las cosas de manera que no tengan remedio.
Por: José Luis Larrea, presidente de Ibermática.
Fuente: El Economista

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