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domingo, 9 de mayo de 2010

NO SIEMPRE SE CONSIGUE LO QUE SE QUIERE

En el rock, la muerte puede ser algo inteligente, mientras que en los negocios fallecer a mitad de carrera pocas veces resulta una buena idea.
Los Grateful Dead han cambiado. Antes, eran cinco hippies que consumían un montón de drogas y que hacían música. Ahora, son un caso de estudio para las escuelas de negocios, que los consideran genios visionarios por crear valor para los clientes, promocionar las redes sociales y desarrollar planes estratégicos. Este nuevo enfoque para la banda queda reflejado en el número de marzo de The Atlantic, que expone que los alumnos de las escuelas de negocios se han cansado de estudiar a General Electric y Southwest Airlines y optan en su lugar por los Dead.
La autora como fan del grupo, lamenta que el artículo no incluya esta frase de Truckin: "Juntos, más o menos a la par, seguimos dándole". Le parece un lema excelente y muy versátil para la mayoría de las empresas. Por lo demás, tiene sentimientos opuestos con respecto a su cambio. Elogiar a los Dead por "crear y aportar el máximo valor para los clientes" resulta casi blasfemo. Jerry Garcia estará removiéndose en su tumba.
Pero tampoco ve por qué deberían ocupar los Dead este puesto. ¿Qué pasa con The Rolling Stones? Pasó su adolescencia tirada en la cama escuchando Sticky Figers y Exile on Main Street hasta que se desgastaron los surcos del vinilo. Sin duda también merecen ser dioses de las escuelas de negocios.
La semana pasada, la autora se dedicó con un considerable entusiasmo a ajustar a The Rolling Stones a las necesidades de un estudiante de MBA. Primero, busquó en su repertorio de canciones consejos prácticos sobre management. "Azúcar morena, cómo puedes estar tan buena, aah" no tiene ningún paralelismo evidente con la gestión. "No puedo obtener satisfacción alguna" podría entenderse como un estudio sobre la naturaleza esquiva del trato con los clientes –pero no estaba muy segura de qué líneas de actuación surgen de ella–.
La auténtica lección que se puede extraer de The Rolling Stones se refiere al éxito. Han aguantado 48 años en una industria famosa por:
a) adorar la juventud; y
b) ser extremadamente caprichosa.
Su última gira ha sido la que más dinero ha recaudado en la historia del grupo. El crecimiento ha sido natural; se han ceñido a su negocio y valores. Disfrutan de una sólida relación entre dos personas que, pese a las peleas, han permanecido juntas. Han mantenido el control sobre su propio trabajo. La mejor lección de todas fue su cambio de nombre al pricipio de su carrera de Rollin'Stones a The Rolling Stones. Fue realmente radical: la banda más en la onda del mundo optaba por la corrección frente a los trucos promocionales. Si la aseguradora Fortis hubiera seguido el ejemplo, no habría cambiado su nombre por el absurdo Ageas.
El primer amor del marido de la autora fue Syd Barrett, la fuerza creativa detrás del primer Pink Floyd. Dado que Barrett escribió una canción titulada Effervescing Elephant, que achicharró su cerebro con LSD, que se volvió loco y que se retiró para vivir como un recluso con su madre en Cambridge, podría pensarse que se pueden extraer de ello pocas lecciones aplicables a los negocios –aparte de mantener lejos las drogas psicodélicas–. Sin embargo, encontró dos profundas verdades: Barrett comprendía que, con frecuencia, el cambio es imposible. En Octopus, canta: "Cuanto más se sube, más se cae... La puerta chirriante siempre chirriará". También demostró que la autenticidad no es tan buena como se cree. Barrett era demasiado auténtico, por lo que nadie pudo versionar sus canciones, algo que no fue positivo para los derechos de autor.
Pero no todas las lecciones son buenas. En el rock, la muerte puede ser algo inteligente, mientras que en los negocios fallecer a mitad de carrera pocas veces resulta una buena idea. Cuanto más se piensa en ello, más evidente resulta que una esfera consiste en sexo, drogas y rock & roll, y la otra en hojas de cálculo, relaciones con los clientes y gestión de la cadena de suministro. No hay muchas coincidencias.
Pero la mayor diferencia es que en el rock se necesita una estrella. En los negocios, sucede todo lo contrario: las cosas van mucho mejor sin ella.
Por: Lucy Kellaway. Columnista de Financial Times
Fuente: E&E

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