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domingo, 2 de mayo de 2010

FERRARI: LA NUEVA CASA DE FERNANDO ALONSO

Si ser de Ferrari es pura pasión, lo más parecido a profesar una religión, Maranello es la meca a la que todo ferrarista debe peregrinar al menos una vez en la vida. Alonso, que debuta de rojo en España la semana que viene con el Gran Premio de Montmeló, ya sabe lo que es convivir con el cavallino rampante.
En este discreto rincón de la Emilia Romaña, la región cuna de la industria italiana del motor, los avatares de la guerra mundial quisieron que en 1943 Enzo Ferrari sembrara la semilla del que hoy es el mayor imperio de la F-1 y la más mítica marca del automovilismo. Maranello, pueblecito de poco más de 17.000 habitantes convertido en Città desde el 28 de febrero, por decreto del presidente Napolitano, es el corazón de Ferrari.
Y su átomo primigenio es la fattoria de la Via Abetone Inferiore 4, la casa del Cavallino, la fábrica donde nacen los exclusivos deportivos rojos y donde crean los bólidos de Fernando Alonso y Felipe Massa. Esos con los que competirán, a partir del próximo fin de semana en el Gran Premio de España en Montmeló, por el título del Mundial 2010.
A Maranello se llega por carreteras vecinales en una hora escasa desde Bolonia, 50 km al sudoeste. Nada especial despierta el interés del recién llegado, después de encadenar aldeas y campos de cultivo con polígonos industriales a las afueras. Discreción en el paisaje, cielo gris, modestia en los edificios, gentes sencillas y la bruma amenazando con engullir la silueta de una población tranquila, en la que el edificio más alto es el campanario de la sobria iglesia parroquial de San Biagio, aquel desde donde se difunde al planeta rojo los éxitos de Ferrari a golpe de campana.
El complejo Ferrari se articula alrededor de la Via Abetone Inferiore, la carretera que lleva hacia Módena. A un lado se erige el moderno recinto industrial donde se diseñan y fabrican los coches de calle, la llamada Gestione Industriale, un ordenado entramado de naves de acero y cristal bordeados por jardincitos, que se reparten por calles con nombre de los pilotos rojos campeones del mundo. Una miniciudad silenciosa apenas sin movimiento, por donde al despistado visitante le asalta ahora un California, ahora un 599 Fiorano, al ralentí, acelerando o frenando con dulzura para probar todos los ajustes antes de llegar a las manos del cliente.
“Todos los modelos tienen que ser entregados ya testados por un probador oficial experto; por eso el coche llega al cliente con 50 o 70 km en el tablero, es una especie de shakedown que hacen por Maranello y los pueblos vecinos, por eso se ve a menudo por las carreteras una fila de Ferraris”, explica Marc Gené, antes de empezar la visita a la fábrica con el Magazine. Al fondo se levanta la imponente galería del viento, obra del arquitecto Renzo Piano, finalizada en 1997, donde se simulan las condiciones reales de carrera con maquetas a escala.
Es el lugar más secreto, un edificio tubular de cinco metros de altura de acceso restringido. Forma parte del juego de ocultismos de la F-1. Cruzando al otro lado de la carretera se encuentra la añeja Gestione Sportiva, las antiguas naves ochenteras, construidas en 1982, que incluyen los talleres dedicados exclusivamente a la F-1, el almacén de logística, el circuito de Fiorano –donde prueban los coches de calle y los bólidos–, y la casa de campo de Enzo Ferrari, de paredes blancas y contraventanas rojas que se levanta a pie de pista, y que sirve de espacio de descanso para los pilotos.
El tiempo está medido en cada uno de los cincuenta puestos de la cadena. Un reloj digital en cuenta atrás desde 35 o 25 minutos marca cuánto le queda al empleado para finalizar su tarea antes de que avance la siguiente unidad, y acabe su recorrido en las zonas 49 y 50, las de control de calidad, la Delibera Finale.
Entrar en la Gestione Industriale es como sumergirse en una dimensión Lost, donde las épocas se han cruzado. El espacio temporal del diseño futurista con textura esterilizada, el aire de laboratorio de alta tecnología, los suelos relucientes enemistados con el manchurrón de aceite, los brazos mecánicos y los raíles aéreos que transportan a la estética de Star Wars se mezclan con la humanidad de los operarios que se vuelven con cariño hacia el piloto, sea el de pruebas o el titular, la manualidad artesanal de las tejedoras que cosen las tapicerías de piel de los volantes, los asientos y los salpicaderos, la devoción y el mimo que le ponen los empleados. Esa proximidad, ese calor humano, es algo que ha seducido a Fernando Alonso, que disfruta visitando la fábrica, viendo los coches –siente auténtica fascinación por los nuevos 458 y California- y charlando con los trabajadores.
“Todos los equipos de F-1 son profesionales, pero lo que hace diferente a Ferrari es la mayor pasión que hay en su gente. Incluso los mecánicos que me encuentro en la fábrica, en la producción industrial, todo lo hacen de un modo personal, con mimo, con amor, como si cuidasen de un niño pequeño, y esto es único”, señala el asturiano.
Es que el empleado de Ferrari siente orgullo de trabajar para esta casa. Incluso el que trabaja en la división industrial, el de la cadena de montaje se siente parte de una victoria de Ferrari. Se sienten muy identificados con el equipo de F-1, tienen un orgullo brutal de poder llevar ese mono con el escudo del Cavallino, y una gran devoción por lo que hacen. Y en Italia es un privilegiado.
Trabajar para Ferrari da un prestigio muy grande. En Italia, decir que trabajas para Ferrari, tener esa ropa en casa, hace que la familia se sienta orgullosa”, añade Marc Gené, que pisó por primera vez el imperio rojo en 1999, cuando corría para Minardi y fue invitado a hacer unas pruebas en Fiorano. “La primera impresión que me quedó aquel día es la presencia tan grande que hay del pasado, de la historia de Ferrari: en todos los rincones ves imágenes de Enzo, de dónde viene Ferrari, cómo se creó, los campeones que ha tenido…”, recuerda Marc avanzando por el departamento de Nuova Meccanica, la zona donde se producen los componentes de todos los modelos, que luego son ensamblados en el edificio de montaje.
La producción en el 2009 fue de 6.250 unidades de los siete modelos de la gama actual: los doce cilindros Ferrari 599 GTB Fiorano y 612 Scaglietti, y los ocho cilindros F430, F430 Spider, 430 Scuderia, Ferrari California y la serie limitada Scuderia Spider 16M. Unas cantidades más cercanas a una manufactura artesanal que a la producción industrial de los gigantes de la automoción, los General Motors, Toyota, Ford o Volkswagen, que fabrican entre cinco y diez millones de unidades anuales.
“Nuestra línea de montaje es la más manual que hay en el mundo”, presume Torre. Para fabricar un modelo de ocho cilindros necesitan tres semanas; para un doce cilindros, cuatro. De hecho, tan sólo se produce bajo petición. En la cadena, se trabaja a la vez sobre treinta unidades. Cada coche tiene su ficha técnica personalizada, con el nombre del cliente y el detalle de todos los complementos extra que ha pedido. “Mira, este 458 negro Daytona va curiosamente para Cars Barcelona”, señala Matteo Torre ante una unidad en pleno montaje...
Articulo completo................................. La nueva casa de Fernando Alonso.
Por: Tony Lopéz Jordà
Fuente: Megazine

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