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domingo, 30 de mayo de 2010

EL PARADIGMA DEL LIDERAZGO: DE LA VISIÓN MESÍANICA A LA SINÉRGICA

Al hablar de liderazgo se suele hacer énfasis en la capacidad individual que todas las personas poseen para ejercerlo. Todos, sin excepción, pueden desarrollar, perfeccionar o fortalecer esta competencia, la cual resulta sumamente exigida en el competitivo mundo de hoy.
Este tema ha sido abordado muchas veces y desde múltiples ángulos por variados autores, enriqueciendo con sus opiniones la visión e importancia que esta herramienta imprime en la gerencia empresarial y, sobre todo, en la administración del recurso humano.
Como competencia, el liderazgo es señalado en los requisitos que acompañan el perfil profesional al realizarse una búsqueda. En fin ¿quién no ha escuchado hablar del él?
Sin embargo, poco se ha hablado del paradigma que se ha creado en torno al líder y lo que ha impedido, de alguna manera, la observación de su influencia desde una perspectiva menos ortodoxa.Al parecer, el liderazgo es un talento demostrado con tanta antigüedad que precisar sus inicios resultaría en este momento innecesario, sin embargo no cabe duda que una de sus expresiones quedó de tal manera grabada en la memoria humana que aún hoy persiste dominando su visualización, y se trata principalmente del aspecto religioso.
Por siglos la sociedad se encontró regida por los movimientos teocráticos, de manera directa o indirecta, oculta o plenamente visible, la cual cultivó la necesidad de seguir los señalamientos exigidos por el líder. Justamente es en el uso singular de esa expresión que se encuentra enmarcado ese paradigma dominante antes mencionado.
Al observarse las culturas religiosas, independientemente de sus tendencias, se advierte el predominio de un sólo individuo sobre los otros. Un ejemplo de ello está presente en los cultos politeístas del viejo continente: Odín en la cultura Nórdica, Zeus en la Griega y Júpiter en la Romana, sólo para nombrar algunas; y en las monoteístas el patrón es el mismo: Jesús para la Cristiana, Mahoma para la Islámica y Buda para gran parte del oriente, siendo la única diferencia que estos últimos nombres se asocian a quienes ejercieron el liderazgo de la doctrina en representación de Dios. El anterior principio también se observó de manera predominante en la concepción del estado y la conformación de milicias, siendo sus expresiones más comunes el establecimiento de monarquías o regímenes autocráticos donde el poder y la dirección de un país, pueblo o legión se concentraba en una sola persona, aun cuando, en algunos casos se delegaban funciones de supervisión.
Sin pretender iniciar un proceso complejo de paralelismos, puede apreciarse a lo largo de la historia que esa tendencia, orientada a resaltar el predominio individual sobre el colectivo, se extendió de formas diversas identificándose de manera inmediata con el ejercicio del liderazgo, independientemente de su condición natural o impuesta, así surgieron lideres en diversas expresiones sociales, culturales, políticas, militares y económicas, quienes desde su posición se adjudicaron un número importante de seguidores o simpatizantes.
Con la llegada los cambios políticos y sociales, de la industrialización, las guerras, y otras expresiones de transformación, esa asociación del líder con el individuo fue traducido casi textualmente a las organizaciones y éstas la adoptaron sin dificultad. Pero ¿acaso, en realidad, el liderazgo se trata de una actitud individual? ¿es esa la forma en que debe ser entendido y transmitido? ¿existirá la posibilidad de estar cegados por la acción de un paradigma?.
Es un hecho curioso observar como algunas empresas esperan encontrar en un sólo individuo la respuesta a sus problemas, orientan su búsqueda en la selección de personas cuyo perfil extraordinario permite esperar resultados asombrosos en corto tiempo, suponiendo que su condición particular influirá de tal manera en los demás integrantes del equipo que el éxito de la gestión puede considerarse como un hecho.
Ante tal pretensión no resulta extraño conjeturar que más que un gerente esas empresas esperan contratar a un mesías. Si bien es cierto que el mundo empresarial está impregnado de ejemplos donde el liderazgo individual ha cambiado el curso de la historia de una firma en particular, no es menos cierto que la actitud asumida por los grupos y la intervención de éstos en la ejecución de los planes o estrategias está igualmente ligada al liderazgo.
Justamente, ese fue el principio original planteado por los griegos al exponer su tesis de la democracia, donde la orientación y la toma de decisiones de un pueblo dependía de su capacidad de autodeterminación y no de la voluntad exclusiva de su gobernante. Entonces ¿cómo es que esta visión colectiva del liderazgo ha sido desvirtuada y prácticamente obviada?.
Resulta difícil concebir una empresa cuyo poder de decisión resida en los "dueños del negocio" -aquellos que realizan el trabajo- y no en sus líderes formales, aún cuando se ha demostrado con éxito como resulta innecesaria la presencia de un líder único para la realización óptima del ejercicio laboral, esto a través de la formación de equipos autodirigidos o autoadministrados. La existencia de estos grupos han dado origen a una variante con la cual se demuestra que el liderazgo es circunstancial y que depende más del conocimiento presente en el colectivo y a la habilidad que posee éste para hacer uso efectivo de él, que a una actitud innata asociada a ciertas cualidades extraordinarias presentes en una persona.
El liderazgo circunstancial está presente en aquellos equipos cuya madurez permite reconocer el nivel de experiencia que se posee en un área en particular, permitiendo a los expertos orientar las acciones sin que ello les otorgue supremacía alguna sobre el resto, por lo que puede decirse que en las organizaciones donde se valora el conocimiento el líder es consecuencia de las circunstancias.Sin embargo, la experiencia general coincide en destacar la practica individual del liderazgo, por lo que pareciera poco probable que todas las organizaciones cuenten con un esquema que permita hacer un uso más adecuado del conocimiento, aprovechando al máximo aquellos empleados cuya experiencia supera su cargo nominal, o los límites de competencia asociados a su posición. Siendo así se puede advertir que todavía algunas organizaciones no están lo suficientemente preparadas para asumir el Zeitgeist Gerencial.
Resulta difícil concebir una visualización amplia de la acción de liderar, pues por años se ha inculcado repetidas veces la necesidad de seguir a aquel que ha sido seleccionado o elegido para ello, tal y como otrora se hacia con los líderes religiosos. Se continúa otorgando excesiva importancia al ejercicio del liderazgo individual y se ignora el desarrollo del liderazgo circunstancial y plural.No obstante, existe la necesidad inconsciente de capacitar a los empleados para el uso circunstancial en el papel del líder, aunque luego no se ofrezcan oportunidades para practicarlo, y es que ciertas empresas se empeñan en impartir a su personal cursos para alcanzar un trabajo en equipo de alto desempeño, sin advertir que estos adiestramientos requieren el desarrollo de esa visión amplia del liderazgo, por lo que al estos intentar poner en uso lo aprendido y observar la conducción tradicional de las organizaciones, la iniciativa resulta un tanto frustrante.
La idea de someter la dirección o la gerencia en varias personas no es nueva, como ya se señaló, los griegos ya la habían desarrollado mucho antes de existir las grandes corporaciones y, en Roma, se intentó al instaurarse el triunvirato. Tal vez lo novedoso se encuentre en el nivel de conocimiento que nuevamente está alcanzando la sociedad y las empresas, cuya maduración puede romper los paradigmas que han dominado por siglos este tema y que, de alguna manera, se han ido alimentando cada vez que se hace referencia a él.
La ventaja principal de observar el liderazgo como una actitud general, demostrada por todos, es que permite no sólo hacer mayor énfasis en su desarrollo, sino que permite la interacción del equipo permitiendo así intercambiar roles de manera constante, donde el aprendiz tendrá las mismas oportunidades del experto y viceversa, pues de acuerdo a las circunstancias y al nivel del conocimiento que cada cual posea, intervendrá en la parte del proceso que le corresponde.
Es innegable que el talento de liderar ha sido demostrado más por individuos que por un grupo de personas. La costumbre ha obligado a suponer que la existencia de alguien dictando la pauta es vital para alcanzar las metas propuestas y por ende siempre habrá un líder. Lo anterior podría interpretarse como la incapacidad que poseen los grupos para alcanzar el consenso, lograr acuerdos, contribuir a su bienestar y desarrollarse si no cuentan con la presencia de alguien que los dirija. Y eso no es cierto. Solo se trata de la manera tradicional con que ha sido enfocado el talento de liderar, lo cual no puede someterse a juicios de valor, pues si se ha llegado tan lejos haciendo uso de una pequeña parte del todo ¿cuánto no se avanzará al utilizarlo completamente?.
Parece algo intuitivo y sencillo, pues al introducir la sinergia en el concepto del liderazgo circunstancial, resulta mucho más sencillo comprender la influencia que su desarrollo imprimirá en las empresas, permitiendo alcanzar niveles de eficiencia, eficacia y efectividad que en la actualidad recaen únicamente en una persona. En la medida que las organizaciones comprendan que deben ser observadas como enormes equipos, el liderazgo individual irá desapareciendo dando lugar al colectivo, donde el conocimiento y el uso positivo de él serán los que orienten al éxito.
Por: Félix Socorro
Fuente: Sappiens.com

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