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domingo, 7 de marzo de 2010

RECONOCER LA RELALIDAD PRIMERO

Los poderes públicos han estado ocultando desde su comienzo la crisis económica con una serie de subterfugios que se han mostrado incapaces de frenar un creciente déficit de credibilidad y confianza. Los mercados se han percatado de la falta de serenidad de un Gobierno que ha improvisado una medida tras otra, a veces en contradicción con la anterior, dando así una imagen de surrealismo político que no ha ayudado para nada a tranquilizar a los inversores. Todo ello no ha sido flor de un día, y se lo han ido ganando a pulso los responsables políticos.
El primer caso de irresponsabilidad política se produjo con el obstinado rechazo por parte del jefe del Ejecutivo de la existencia de la crisis en la economía española. El último tuvo como protagonista a la inesperada propuesta de reforma del sistema público de pensiones que, acto seguido a su presentación, tuvo que ser matizada ante la dura oposición sindical. Pero no todo termina ahí. Hace unas semanas, el presidente Zapatero declaró en Nueva York ante un grupo de empresarios y dirigentes políticos norteamericanos que el «sistema bancario español era el más solvente del mundo», para improvisar al día siguiente un programa de ayudas que resultó insuficiente y tuvo que ser complementado con el FROB. Inasequible al desaliento, volvió a insistir en Davos en la solvencia bancaria para hacer frente a la desfavorable visión sobre la economía española que prevalecía en la reunión internacional.
El presidente parecía ignorar la enorme deuda de las entidades financieras, más de 300.000 millones de euros que los promotores inmobiliarios reconocen no poder hacer frente y que nadie sabe cómo están valorados en los activos bancarios. Por si esto fuera poco, la mitad del sistema bancario -las cajas de ahorro- no parece que esté muy saneado, pues éstas están sumidas en un proceso de fusión inacabable que muestra que son una nueva versión de la banca pública de otra época.
Lo realmente preocupante es que los máximos dirigentes políticos no quieren reconocer (o lo que quizás sea peor, desconocen) la realidad, pues recientemente la vicepresidenta económica, Elena Salgado, aseguró que «nuestro modelo financiero español será el mismo que antes de la crisis».
Salgado no contribuye a generar confianza con la inestabilidad de sus actuaciones, fruto, una vez más, de la improvisación. En el Informe Económico 2009, que sin duda patrocina intelectualmente, anuncia un aumento del gasto en los Presupuestos de 2010 de 20.000 millones de euros en un fondo especial de desarrollo, complementado con una prolongación de las ayudas locales de 5.000 millones.
A los pocos días estas medidas de estímulo fueron sustituidas por el anuncio de un recorte del gasto público de 50.000 millones en el Plan de Estabilidad 2009/2013. A su vez, el secretario de Estado de Economía, en un intento equivocado de ganar la confianza de los mercados, prometió un nuevo recorte de gastos si fuera necesario.
No hace falta ser un gran experto en economía para ver que no son asumibles ni el objetivo de crecimiento del 3,1% ni la reducción del déficit público al 3% del PIB en 2013. Suponiendo un nivel de los gastos irreducibles de 122.500 millones por intereses de la deuda hasta 2013 (según el Plan de Estabilidad) y de 70.000 millones por subvenciones de desempleo, el recorte que habría que hacer en las arcas públicas para conseguir una reducción neta de 50.000 millones sería de casi 95.000 millones, difícilmente alcanzables.Si por la reducción del gasto el objetivo del déficit público del 3% del PIB en 2013 parece difícil, hay que tener en cuenta además que el aumento de ingresos con que se contaba tampoco parece posible. La reducción del gasto total (excluida la subvención por desempleo que tiene efecto expansivo) tendría un resultado contractivo sobre la economía en los cuatro años superior al 5% del PIB, lo que va a impedir alcanzar el objetivo de crecimiento del 3,1% en 2013.
El presidente Zapatero preveía sin embargo en su intervención inicial en el reciente debate sobre la economía en el Congreso un crecimiento trimestral ya al inicio de 2010 que terminaría con un aumento del empleo al final del año. Para ello se apoyaba en algunos aspectos positivos de la coyuntura, pero al parecer olvidaba algo tan importante como que el déficit estructural del sector exterior que venía siendo expansivo ya empezaba a ser contractivo antes de que la economía levantara la cabeza. Así, en su parecer, se salía de la crisis y se iniciaba una senda de crecimiento sostenido de actividad y empleo.
Pero en su fuero interno debía ser consciente de que esto suponía la cuadratura del círculo, pues al mismo tiempo presentaba un Plan de Austeridad hasta 2013. Sabía que, por su importancia en la reducción de gasto público - unos 95.000 millones en los cuatro años -, el efecto contractivo sería considerable, que no se podría reducir el déficit al 3% del PIB y, lo que era peor, que los mercados exteriores se acabarían percatando de lo irrealizable de ese Plan de Austeridad.
La propuesta de Zapatero de crear un comité formado por tres altos responsables políticos de la economía, abierto a todos los partidos políticos, para aprobar un Plan de Economía Sostenible light evidencia lo delicada que considera la situación, su intento de repartir políticamente al máximo los dolorosos efectos que va a exigir el ajuste de la economía y su persistente desconocimiento de la naturaleza de la crisis. Con la ayuda al sector de la construcción en su reciente Acuerdo Político se vuelve a la estrategia de paños calientes iniciada con el Plan E, de efectos efímeros sobre el empleo. Sobra decir que esto para nada es lo que estaban esperando los mercados para colocar a España en otra dimensión frente a Grecia.
Sin embargo, la economía española se salvará porque dispone de un gran stock de capital y una mano de obra suficientemente cualificada que pueden crear un gran potencial de crecimiento. Pero hay que empezar por dar a conocer cuál es la situación real de la misma para que los agentes socioeconómicos actúen de forma responsable y el poder político con sentido de Estado. Hay que empezar diciendo que la economía ha estado viviendo por encima de sus posibilidades durante los últimos 15 años. El fuerte crecimiento de la actividad y el empleo, la consolidación de las cuentas públicas con un histórico superávit y la aproximación a la renta per cápita europea, superando la de Italia, eran un falaz espejismo.
La economía crecía por encima 3,5% anual gracias al regalo envenenado del euro, que permitía un fuerte aumento del déficit corriente y del endeudamiento exterior. En otra época se salía de situaciones críticas devaluando la peseta que aceptaban graciosamente los sindicatos porque generaba empleo aunque supusiese una pérdida de salario real. La situación actual exige un ajuste muy doloroso con la reducción neta de 95.000 millones del gasto público hasta 2013, una importante desinflación salarial y una reforma del mercado laboral para ganar en productividad.
Por : Anselmo Calleja
Fuente: Mercados, El Mundo

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