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domingo, 7 de marzo de 2010

NAIL ART, EL ÚLTIMO FILÓN DEL NEGOCIO DE LA ESTÉTICA EN ESPAÑA

Proliferan los centros que tratan y decoran las uñas
-El tratamiento de las uñas es un clásico en EEUU y Latinoamérica
-Decorar de fantasía las uñas ronda los 50 euros
-Crecen los parados que optan por este sector como vía de autoempleo
El abanico de colores y dibujos que caben en una uña no deja de abrirse, al compás de un llamativo crecimiento de los negocios que se dedican a cuidar y embellecer la punta de los dedos de manos y pies. El 'nail art', el arte de tratar y cuidar la imagen de las uñas, se ha integrado como un servicio de estética que cada vez más clientas demandan y más centros ofrecen.
La cadena de peluquerías Marco Aldany, por ejemplo, tiene implantada esta opción en el 85% de sus establecimientos, arropados por la "muy buena acogida" que han recibido sus cuidados de manicura, tanto tradicional como de fantasía, según explican desde la empresa.
Al mismo tiempo, comienzan a proliferar en España los establecimientos dedicados en exclusiva a esta práctica, que ya es todo un clásico en muchos países latinoamericanos y en Estados Unidos.
Precisamente de aquí surgió la idea de 'D-Uñas'. En 2004, Mery Oaknin y Sandra Benzaquem pusieron en marcha en Málaga el primer local de lo que hoy ya es una franquicia con 23 centros. "Nos dimos cuenta de que a España aún no había llegado", asegura Oaknin.
Arrancar suponía un reto con elevadas dosis de riesgo. "No había oferta y, por lo tanto, no podíamos saber si había demanda", explica. Pero las dudas se despejaron en apenas seis meses, cuando ambas mujeres inauguraron su segundo establecimiento. Aunque Oaknin reconoce que en 2009 "el crecimiento ha sido más lento" se muestra segura de estar "superando la situación mejor que otros sectores".
Aumento del ritmo de aperturas del 40%
El tirón de este tipo de negocios se refleja también en las previsiones de dos de las principales firmas asentadas en España: D-Uñas y Nail 4'Us. La primera planea inaugurar 12 establecimientos en 2010, mientras que la segunda sumará 10 centros a los 21 con los que ya cuenta, rubricando un aumento en el ritmo de aperturas en torno al 40%.
Según Oaknin, el precio es uno de los atractivos del sector. Sin embargo, las cifras permiten cuestionar tal reclamo, ya que las clientas tienen que rascarse el bolsillo para pagar hasta 15 euros por una manicura tradicional y una media de 50 euros para pintar de fantasía sus uñas.
Otra firma en expansión en España es Nails 4’Us, cuyos orígenes se sitúan en el vecino Portugal. Su punto fuerte es la especialización en uñas de gel. "No había nadie que se dedicara exclusivamente a ello", asegura el director general de la firma, Juan José Muñoz.
Su facturación en 2009 casi alcanzó los dos millones de euros, lo cual explica sus planes de expansión, tanto a nivel nacional como a nivel internacional, que pasan por comenzar su implantación en Brasil.
Fórmula de autoempleo en plena crisis
Uno de los puntales sobre los que se asienta la rápida expansión de los centros de belleza exclusivos para uñas es la lucha contra el paro. Los datos de febrero, con 4.130.625 personas desempleadas según el INE, convierten a esta rama de negocio en una atractiva opción de autoempleo por la que se han interesado un alto número de parados.
La baja inversión inicial (entre 30.000 y 50.000 euros), el breve periodo de formación necesario y la alta rentabilidad que puede dejar uno de estos centros si la ubicación es favorable, resultan claves. A modo de apunte, el director general de ‘Nails 4’Us’, Juan José Muñoz, asegura que la facturación anual de uno de sus locales puede alcanzar los 180.000 euros.
Mary es una de las personas que ha apostado por esta vía. Descartó la franquicia para abrir su propio ‘spa de uñas’, K-apricho’s, como empresaria autónoma. Para ella, la preparación es la principal diferencia entre las profesionales españolas del 'nail art' y sus colegas en latinoamérica. Mary estudió durante tres años para aprender cómo tratar las manos, cómo esculpir uñas de porcelana o cómo detectar que "la uña pueda tener alguna enfermedad". Ahora, doce meses más tarde, hace balance y, aunque reconoce no ser inmune a la crisis, su media sonrisa la delata: "no puedo quejarme".
Por: María Hernández
Fuente: El Mundo

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