Cargando...

lunes, 1 de marzo de 2010

LA DES-CONFIANZA ¿QUE HEMOS CREADO?

La desconfianza que hemos creado
Por: Tom Burns Marañón
La semana pasada traje a esta columna unos apuntes sobre el fenómeno Tea Party en Estados Unidos, que agrupa a quienes están hartos de un creciente intervencionismo gubernamental y del alza de impuestos para financiar planes de estímulo que inflan la deuda y no crean puestos de trabajo. La República de los Estados Unidos tiene estas cosas.
En España, cuando pintan bastos "esto sólo lo arreglamos entre todos", siendo éste el lema que han lanzado cuatro próceres de una sociedad y de una política anterior bajo el manto de una Fundación Confianza que hizo su presentación pública a finales de la semana pasada.
La apelación a la acción cívica hispana para poner manos a la obra nos llegó por cortesía de Javier Gómez-Navarro, Guillermo de la Dehesa, Antonio Garrigues y Miquel Roca, los cuatro portavoces de la Fundación Confianza. Parece tocar fibras patrias, o patrióticas, como puede ser el "Todos a una Fuenteovejuna" y hasta la Agrupación al Servicio de la República que a comienzos de 1931 crearon intelectuales de indudable calado. La diferencia es que no se enfrenta al poder constituido, ni exige sustituirlo por otro.
Los maliciosos, o los simple y sanamente escépticos, dirán que lo anunciado por este distinguido cuarteto no pasa de ser un cómodo colchón para un Gobierno a la deriva, que pide con creciente incoherencia que todos arrimen el hombro pero que no está dispuesto a compartir el poder ni, mucho menos, dejarlo en manos de otros para que remedien su desaguisado. La Fundación Confianza tiene aromas de talante buenista.
De hecho, sus portavoces se dieron a conocer en aquellos ya lejanos tiempos cuando entre todos lo arreglamos todo, o eso creíamos. Y siguen en ese estado emocional. Como todos los buenos old rockers, los señores Gómez-Navarro, de la Dehesa, Garrigues y Roca nunca mueren. Su iniciativa merece una reflexión porque va a estar en la palestra y si quieren ahondar en ella pinchen http://www.estosololoarreglamosentretodos.org/.
El punto de partida, a mi entender, es esa otra salida en público en estos días pasados que fueron las manifestaciones para protestar por la ampliación de la edad de jubilación convocadas por los dos sindicatos que pagan nuestros impuestos. Por lo que vi en la de Madrid, no era una multitud la que vociferaba bajo la lluvia y su media de edad no era mucho menos que la de los portavoces de la Fundación Confianza. No había jóvenes, que son los que están excluidos del mercado de trabajo y cuyo empleo es crucial para poder pagar las futuras pensiones.
Tampoco había inmigrantes, cuya llegada a este país en la última década ha servido para rectificar la invertebrada pirámide demográfica de la crecientemente envejecida población española y que también están en el paro. Fue la manifestación de quienes (todavía) tienen trabajo y quienes se agarran como un clavo ardiente al Estatuto de Trabajadores que se fraguó en tiempos, cuando los señores Gómez-Navarro, de la Dehesa, Garrigues y Roca mandaban bastante o mucho. Fue, sin duda, una manifestación emocional y bastante, o mucho, fuera de la realidad de los retos de hoy y aquí, en España, y en Europa.
Generación afortunadaEn los EEUU de los Tea Parties, los que espolean la rebelión cívica son mayoritariamente los llamados baby boomers, que son los que nacieron en la explosión de natalidad que tuvo lugar en la década posterior al final de la Segunda Guerra Mundial. Es la generación más afortunada de la historia de la humanidad.
En la España de los años de hambre no hubo boomers como tal, pero a quienes llegaron a la Transición con entre treinta y cuarenta años, habiéndose beneficiado sus hogares paternos de la milagrosa década del desarrollismo, les toco la lotería. Suyo sería un país que crecería y se modernizaría en libertad. Ahora, esta generación, a ambos lado del Atlántico, está próxima a la jubilación. ¿Qué lega a las generaciones posteriores, a la 'x' y a la 'y'?
Lo que heredan los jóvenes que salen de un sistema educativo fracasado es un sistema laboral que les cierra las puertas, un sistema político tan complaciente como mediocre y una deuda descomunal. ¿Qué hay desconfianza? Pues claro. La hemos creado quienes egoístamente lo guisamos y lo comimos todo sin pensar en las generaciones que nos siguen. Podíamos empezar a arreglarlo entre todos alargando nuestra vida laboral.
Fuente: Expansión

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada