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sábado, 27 de marzo de 2010

GOOGLE: UNA LECCIÓN DE ÉTICA

Google: una lección de ética y negocios
La firma dejó China por principios, perdiendo un gran negocio, pero respetando su estructura moral; sus inversionistas saben que uno de sus capitales más importantes, la privacidad, está a salvo.
Uno de sus fundadores, Sergey Brin, conoció la represión de un régimen autoritario como el soviético.
Google debe mostrar ahora el acuerdo de autocensura firmado con el Gobierno chino para ganar mayor credibilidad.
ENFOQUE
Google-China, una novela de espionaje Tras un ciberataque en sus servicios, la empresa advirtió que quizá deje el país asiático.
Los observadores de Google y los inversionistas están intentando hallarle sentido a la histórica salida de la compañía del mercado chino. La participación de la firma en la tecnología, servicios y personal en ese lugar lograron generar cientos de millones de dólares, si no es que miles de millones. Pero en tan sólo unas semanas, Google se salió del país por su cuenta, abandonando décadas de prospectos de crecimiento futuro en una economía masiva y de rápida madurez, abandonando también media década de construcción de una presencia operativa y de negocios. Los inversionistas, que no se inclinan mucho por los principios que no involucran al impuesto de ganancias de capital, no están fascinados con la claudicación de Google en China, ni por sus pérdidas ni por sus costos ahogados. "Me habría encantado estar en esa junta para escuchar la discusión: cómo decidieron salirse del mercado con mayor crecimiento del mundo", dijo un gestor monetario a Investor's Business Daily.
Pero los inversionistas que intentan que esto tenga sentido no lo van a lograr. Google dejó China bajo los principios de su cofundador Sergey Brin, así de simple. Brin estaba incómodo con los negocios en un régimen que le recordaban un poco a su nativa Unión Soviética, que dejó a los seis años. Y ha dicho con frecuencia que el famoso lema de Google "no seas malo", también implica "sé bueno". Para bien o para mal, fue la experiencia personal de Brin, y la traducción de esas experiencias en los principios del negocio fueron los que tomaron la decisión de que Google se alejara.
Eso no quiere decir que Brin no tuviera un argumento más poderoso basado en las prácticas de negocios, si no es que financieras, para tomar la decisión. Al igual que los ejecutivos de bienes automotrices y bienes de lujo ven cómo las compañías chinas producen copias de sus autos y bolsas sin poder hacer nada al respecto, Google vio cómo sus inversiones en búsqueda, video en línea y medios sociales eran copiados por las empresas chinas que gozan del apoyo gubernamental.
Y mientras que Baidu (el mayor buscador en China) y Google son igualmente criticados por presentar resultados sórdidos, es la empresa estadounidense quien se ha vuelto ejemplo para los medios controlados por el estado. "Sin el acceso de Google al contenido pornográfico y subversivo, el cyberespacio de China seguiría siendo limpio y pacífico", describió el periódico China Daily a la salida de Google.
Por qué es personal para Google
En realidad Brin ignoró al presidente ejecutivo Eric Schmidt y a otros altos ejecutivos en la toma de esta decisión. En una conversación cándida con el Wall Street Journal, Brin explicó que se dio cuenta cada vez más del doble estándar que la empresa había adoptado para hacer negocios en China. En "una de cinco juntas", dice Brin, hubo una serie de reglas para operar en China distintas al resto del mundo.
Brin mencionó específicamente que la supervisión estatal de los disidentes políticos en uno de los "receptores del totalitarismo" fue algo que le molestó. De hecho, las operaciones de Google en China parecían estar en la mira, infiltrándose en las cuentas de Gmail de varios activistas chinos. Para Brin, quien salio del país que le dio al mundo la KGB, la amenaza de espionaje nacional fue particularmente mortificante.
El mundo de los negocios no está acostumbrado a balancear ese tipo de ecuaciones. El ex presidente ejecutivo de General Electric, Jack Welch, desaprobó la "gran decisión" de Google en CNBC, diciendo que si el Gobierno permite a los negocios estadounidenses operar en su país, la compañía debería tomar ventaja de eso y tragarse su orgullo para ajustarse a las leyes locales.
Incluso cuando Welch discutió sus propios frenos cuando vendía turbinas y equipo médico, admitió que no se comparaban con las de una empresa que se encarga de búsquedas, medios y comunicaciones como Google. Con una economía como la estadounidense de alta tecnología, y la base de consumidores masiva de China, más compañías hacen los mismos cálculos. De hecho, después de descubrir que el país asiático exigía información amplia, incluyendo fotografías a color, de los individuos que registraban dominios con terminación .cn, GoDaddy dijo que ya no atendería al sufijo.
Welch pudo haber tenido a Six Sigma para medir su desempeño, pero fue mediante la fuerza de personalidad que convirtió a GE en una máquina de ganancias brutalmente eficiente, sin desmoralizar fatalmente la fuerza de trabajo que siempre quiso reducir.
Qué hace a un líder
Los inversionistas en Google aprendieron una lección: pública o no, la compañía de 177,000 millones de dólares conserva el ADN de sus dos cofundadores intelectuales. En las decisiones importantes sobre el futuro de la firma, es más posible que se dejen llevar por su visión del mundo que por su visión de los balances. Los accionistas que quisieron obtener ganancias de la genialidad de Brin y Page (o de Jack Welch o de Steve Jobs) deberían acostumbrarse al hecho de que la iconoclasia que los hace líderes también los hace resistirse a la idea de trabajar para lo establecido.
Dados los problemas recientes con los asuntos de privacidad relacionados con el crecimiento de Buzz, y el anuncio de que estaban trabajando con la Agencia de Seguridad Nacional en China, los inversionistas se sentirían cómodos con el hecho de que la empresa no ha abandonado su deseo por cultivar confianza entre sus usuarios; después de todo, guardan una enorme cantidad de información, correos y documentos en las enormes bases de datos de Google. Sin ellas, la compañía no existiría. Su salida de China puede ser vista como la contraparte de la declaración repelente de Eric Schmidt en CNBC en diciembre, la cual decía que "si haces algo que no quieres que nadie sepa, tal vez no deberías hacerlo en primer lugar". ¿Qué tal si ese algo es organizar una protesta o protestar a favor de la libertad religiosa y política en China?
La salida de Google es el conocimiento de que no puede dar a los ciudadanos de China la misma seguridad de información que le da al resto del mundo. Tal vez no está obligado a resolver los problemas de derechos humanos en China, pero para alguien como Brin, cuyos padres dejaron un país comunista para ofrecerle la libertad que ellos no tuvieron, y cuyas propias libertades académicas y laborales no se le presentaron a su padre por motivos de persecución religiosa, tal vez se siente bien saber que su compañía ya no formará parte de eso tampoco.
Aún así podría ser difícil para los inversionistas comprender por qué Google tomó este paso dramático y tal vez irreversible.
Para responder a los críticos, Google debería publicar el contenido de su acuerdo de auto-censura (ahora sin validez) que hizo con el Gobierno chino, incluyendo los términos que debía bloquear, como "democracia". Aunque el documento apenará a Google, también dará a los inversionistas molestos los medios para poner la participación en el mercado y el crecimiento de los ingresos bajo otra perspectiva.
Por: Paul Smalera
Fuente. CNN Expansión

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