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lunes, 22 de marzo de 2010

EMPRESAS: EN BUSCA DE LA ÉTICA PERDIDA

Hay que mirar atrás, hacer balance y decir en qué nos hemos equivocado. Pero lo más importante es, ante todo, tener vocación de cambio
«Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana». Con esta asepsia define el Diccionario de la RAE la palabra ética casi dos milenios y medio después de que Aristóteles sentara sus bases filosóficas. Sin embargo, no aparecía en los libros de estrategia de Enron ni, desde luego, en el diario personal de Bernard Madoff. Ni siquiera su experiencia reciente ha servido para que los dueños de la economía mundial, hoy en pleno descalabro, escribieran una referencia a ella en su cuaderno de notas.
Ése es el motivo por el que la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD) celebró el mes pasado la conferencia `Nuevos valores, nuevos liderazgos´, en la que ningún invitado dejó de entonar su `mea culpa´ al hablar de crisis. «El octavo pecado capital es vivir para y por la cuenta de resultados», reconocía Enrique Sánchez, presidente de Adecco. Fernando Ruiz, su homólogo en Deloitte, recordaba la separación entre organización y sociedad producida durante estos años y en la que «cualquier fin justificaba los medios».
Y ha sido esta última la que ha terminado por aceptarlo y olvidar sus principios morales. «Echamos la culpa a los de dentro, pero también hay que evaluar nuestro comportamiento», comenta en un aparte Ana Cabezas, profesora de Ética Empresarial en la Escuela de Negocios San Pablo CEU. Esta experta en dirección financiera trae a la memoria el caso de Forum Filatélico y cómo la mayoría de sus clientes «aceptó unas reglas de juego en las que claramente había gato encerrado». Pero entre un 4% y un 10% de interés hay dinero, estatus.... «Todos tenemos metas, pero lo que hay que evitar es que te enganchen», asegura.
Antonio Garrigues, presidente de Garrigues Abogados y Asesores Tributarios, habla de esa adicción que ha heredado nuestra sociedad «de la borrachera financiera anglosajona» y que han hecho propia, entre otros, los empresarios inmobiliarios españoles. No en vano, la crisis del ladrillo ha sido una de las causas de nuestra caída en el `ránking de corrupción´ de la ONG Transparencia Internacional (desde el puesto 28 al 32). «Los comportamientos no éticos son estúpidos porque hemos comprobado una y otra vez que no garantizan nada», resumía.
Y no sólo eso. El filósofo Fernando Savater, para quien toda riqueza es social, enumera las conquistas del proceso que no deben perderse. «La autonomía, la solidaridad, la cooperación, la tolerancia, y la educación. La sociedad es una empresa en la que todos somos socios», afirmó en la clausura del encuentro.
«El problema está en que hasta que no se deje de admirar al que consigue millones fácilmente y sigamos llamando `pringado´ al que trabaja 15 horas al día para llevarse apenas mil euros al mes, no adelantaremos nada», dice Ana Cabezas, que dejó un importante cargo en una inmobiliaria para trabajar, por un 25% menos de su salario, como directora financiera de la Fundación Síndrome de Down. Pero ella reconoce que aún hay muchos frentes abiertos. Desde los de las escuelas de negocios -«muchas de ellas enseñan al alumno a ser un tiburón capaz de matar para conseguir su objetivo», advierte- hasta la misma sociedad a la que la empresa le debe su razón de ser. «Somos cortoplacistas y, por eso, somos unos especuladores», reprocha.
Por: Laura de Cubas
Fuente: Empresa ABC

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