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lunes, 22 de marzo de 2010

APRENDIZAJE SOBRE LA GESTIÓN DE UNA CRISIS, CUANDO A LA TÁCTICA SE LE LLAMA ESTRATEGIA

Hablamos de la crisis como si de una plaga se tratase. Debatimos frecuentemente sobre las pautas y capacidades necesarias para gestionar compañías y equipos en esta situación... Pero merece la pena reflexionar hasta qué punto no somos nosotros mismos los responsables de esta crisis por abandonar los principios básicos de hacer negocios: ser honrado, ser austero y estar despierto.
Hemos faltado al principio de la honradez. Hemos dado prioridad al éxito del corto plazo respecto a las relaciones sostenibles. Los consumidores seguirían comprando nuestros productos si hubiéramos conseguido que fuesen mejores y más económicos, o bien alcanzando mayores volúmenes, mediante la aplicación de factores de escala, acudiendo a otros mercados. Nuestros vendedores serían más persuasivos si estuviesen más entrenados, con los incentivos adecuados a corto, pero también a medio y largo plazo. Algunos de nuestros proveedores no hubieran quebrado si no hubiéramos tardado tanto en pagar sus facturas. Nuestros balances estarían más saneados de haber sido más prudentes en la inversión y el gasto. Nuestro tejido empresarial sería más sólido si no hubiéramos desincentivado el espíritu emprendedor por las ganancias rápidas de la ingeniería financiera...
Quizás nos hemos adormilado en vez de estar en vigilia permanente: cuando las cosas se complican es cuando hay que hacer los negocios más sencillos, volver a estrategias simples. Ahora nos toca volver a lo épico, a la remontada.
Nos toca plantear los negocios de manera sostenible, sin pelotazos. Siguiendo una dirección estratégica y de colaboración. Con una mejor dirección financiera, con políticas consistentes, controles y procedimientos que aseguren el uso eficiente de los recursos; con una gestión inteligente de toda la cadena de valor. Nos toca volver a la austeridad, con organizaciones más planas. Luchando, proyecto a proyecto, con mayor flexibilidad, optimizando el capital disponible, acelerando la toma de decisiones. Debemos, en fin, revitalizar la gestión de riesgos y maximizar la gestión del talento, de todo, interno y externo.
Y como siempre en la gestión, la calidad de la ejecución determina el alcance del mercado y nos permite lograr la confianza de los grupos de interés, que se gana con la reputación, cumpliendo los compromisos.
Nos toca trabajar más y mejor; reflexionar más y mejor; discutir con todos los implicados más y mejor, y estar más en el campo. Sólo cuando vemos las orejas al lobo, recurrimos a la eficiencia, sin reconocer que la austeridad no es un recurso para tiempos de crisis, sino que debe ser un atributo permanente en la gestión.
Por: Isabel Aguilera
Fuente: Empresa ABC

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