lunes, 1 de febrero de 2010

LOS OTROS NI-NI

Va a cumplir pronto los cincuenta y trae en el rostro un gesto de cansancio y pesadumbre que no es ni de la edad ni de correr por el Retiro un domingo por la mañana. «Ya no celebro cumpleaños; lo único que tengo que celebrar es que aún no me hayan despedido, y no sé por cuánto tiempo porque la cosa está chunga en el curro».
Me quita de las manos los periódicos que hablan del debate de las pensiones y los agita en el aire como banderas de papel. «Sí, esto está muy bien, los gobiernos tienen que pensar en las jubilaciones del mañana, pero ¿quién está pensando en los que vemos lejísimos llegar a los 65 con un trabajo del que jubilarnos? Los seniors nos hemos vuelto sospechosos en las empresas, somos la carne de cañón del ajuste, junto con los temporales. Cuando tenía treinta creía que a mi edad actual estaría en el momento de plenitud profesional, ése en el que empiezas a tomar cuotas serias de responsabilidad y a ganar dinero, pero ahora cuando me cruzo con un jefe le veo en la mirada que en vez de pensar en ascenderme lo que está calculando es el coste de mi despido.
En la práctica a los 67 sólo van a llegar en activo los funcionarios, y no todos. En la enseñanza, por ejemplo, hace tiempo que una cláusula transitoria de la ley permite retirarse a los 60...».
Me acompaña jadeando en el paseo bajo la arboleda. «Mira, ahora se habla mucho de la generación ni-ni, esos jóvenes que ni estudian ni trabajan porque han completado su formación y no encuentran quien los contrate, pero hay otra ni-ni que forman los mayores que ni trabajan ni están jubilados, parados maduros que han perdido el empleo en una edad en la que ya se los considera mayores para darles otro pero no tanto para cobrar la pensión.
Ahí hay una fuerza laboral y una masa de talento que la crisis está expulsando del sistema, y la mayoría no tiene la suerte de estar en una de esas grandes empresas o bancos que a los 51 te mandan para casa prejubilado con el sueldo íntegro. En total, entre lo tarde que se entra hoy a trabajar y lo pronto que se sale, resulta que la vida laboral media se va a quedar en 20 ó 25 años, y así cómo carajo se va a sostener el sistema social.
En España hacen falta cuatro o cinco millones de empleos más para mantener el Estado del Bienestar, te lo digo como economista, y sin eso ya podemos hacer encaje de bolillos con las cuentas, que no servirá de nada. ¿Para qué vamos a pensar en retrasar la edad de jubilación si la vigente no la cumple casi nadie?».
«De verdad, con esta tasa de actividad no hay sistema que resista. Ni-nis por abajo, ni-nis por arriba, aquí cada vez trabaja menos gente y eso es un drama nacional, eso se carga un país. Háblale de jubilación tardía a tíos de 27 ó 28 con dos másters y sin posibilidad de encontrar un puesto de mileurista, o a gente como yo que no sabemos si vamos a cumplir los 50 trabajando y que cualquier día me ves por aquí corriendo entre semana...».
Por: Ignacio Camacho
Fuente: ABC

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