miércoles, 3 de febrero de 2010

DIME CÓMO ESCRIBES Y TE DIRÉ CÓMO ERES

Los trazos de la escritura son como los gestos que adoptamos en nuestra vida: una ventana a nuestro mundo interior a través de la que podemos desgranar la personalidad de un individuo.
"A veces me da vergüenza comprobar lo que puedo llegar a saber por una firma”, reconoce Mauricio Xandró, uno de los máximos exponentes de la grafología en España. La rúbrica es la más exacta radiografía de la personalidad con sus virtudes y defectos, de los pecados más ocultos y de las enfermedades. Dado su alto poder, esta técnica se ha empleado en diversos campos pero, “desde hace un par de décadas, han sido las unidades de élite de la Policía las que se han servido de ella”, señala Francisco Viñals, director del Máster en Grafoanálisis Europeo y presidente de la Agrupación de Grafoanalistas Consultivos de España. De hecho, la mayoría de los grafólogos se dedica hoy día a la pericia caligráfica en asuntos especialmente relacionados con la grafopatología, una técnica que ayuda a saber, por ejemplo, si la carta de despedida de un presunto suicida denota su intencionalidad o bien pudiera dar lugar a sospechar de un asesinato.
Pero, además, la letra puede ayudar a modelar a las personas. Es lo que se conoce como grafoterapia (curar enfermedades físicas y mentales a través de la escritura), una aplicación que crea división de opiniones entre los expertos. “Eso es imposible”, sentencia Xandró. Para el perito caligráfico José Javier Simón, los resultados de la grafoterapia “deben de ser excelentes, pero se trata de un placebo: la atención que da el terapeuta al afectado es lo que realmente cura”. En cuestión de búsqueda de trabajo, la letra ofrece información más completa que la que el candidato refleja en su currículum. Simón, quien trabajó durante varios años en un departamento de recursos humanos, recomienda “evitar tachar el nombre con la rúbrica, porque significa que esa persona tiene un conflicto”. Viñals explica que en una selección de personal, el grafólogo observa el equilibrio general de lo escrito respecto de la página. Así, se valoran positivamente los manuscritos organizados, sin que sean excesivamente ordenados -lo que indicaría rigidez- pero eso sí, mínimamente legibles y limpios. Al mismo tiempo, “prima que sean naturales, pues si el escrito es estereotipado, lento y dibujado pierde puntos debido a la falta de espontaneidad. También se valora que no aparezcan adornos en exceso, que indicarían demasiado subjetivismo y, en el peor de los casos, un egocentrismo fatuo que significaría también falta de adaptación”. Según explica Xandró, el texto de una carta simboliza el yo frente a los demás, mientras que la firma es el yo íntimo.
Analice su propia firma
El análisis de la firma requiere de un entrenamiento para poder integrar las distintas particularidades gráficas; aún así, Viñals propone siete normas básicas para que usted mismo pueda realizar una valoración general de su firma.
1. La situación. La cercanía al texto indica mayor acuerdo con el contenido del escrito que su alejamiento.
2. La dimensión. La firma grande sugiere la necesidad de que se note su presencia; la minimización lleva desde la timidez hasta el deseo de que se note lo mínimo su presencia en el acto de la escritura.
3. La presión. Una tensión firme con un caudal fuerte en sentido vertical descendente y en las barras horizontales indica resistencia; una presión floja sugiere falta de energía.
4. La forma. Las formas angulosas son propias del carácter fuerte, tenaz o agresivo. Las curvilíneas son suaves en el trato. Si incorporan bucles, son propias de la diplomacia. Cuando el bucle es una madeja enmarañada, sugiere manipulación y tendencia a confundir a los demás.
5. La rapidez. Las firmas rápidas denotan espontaneidad; si lo son excesivamente, pueden alcanzar la precipitación. La calma y la contemplación la enlentecen hasta alcanzar la pasividad. 6. La dirección lineal. Las firmas en dirección ascendente sugieren euforia, optimismo o un reflejo de animosidad para abordar proyectos; si son descendentes, flojas, pequeñas y con signos accesorios como barras o finales caídos, entonces predomina el desánimo.
7. La continuidad. Salvo cuando alguien estampa simplificaciones de su firma o los cambios son evolutivos por la edad, las transformaciones en la firma denotan variabilidad en la conducta hasta poder reflejar personalidades múltiples.
La ge, la de y la te Las letras que parten del óvalo, como la ge o la de, son las más reveladoras.
Xandró expone que los rasgos superiores corresponden al mundo espiritual (la de es la letra de la creatividad), mientras que los inferiores forman parte de la sexualidad (la ge es la del sexo). Los óvalos son el yo; por eso, todo lo que ocurre en él es muy importante. Una a totalmente redonda y cerrada indica reserva; si tiene una punta hacia abajo, sugiere agresividad y resentimiento; si está ligeramente abierta, quiere decir franqueza. Por su parte, la te es la mezcla del rasgo afirmativo (de arriba abajo) y el realizador (de izquierda a derecha). Si el travesaño se sitúa por encima de la te, significa utopía. Desviado hacia la izquierda, sugiere el pasado, el origen, la duda, la reflexión; hacia la derecha es decisión, iniciativa. Si está dirigido hacia arriba, es oposición, discutidor; si está hacia abajo, es terco, obstinado. Con todo, parece que la grafología “es una blasfemia científica”, como concluye Xandró: “Vemos toda la personalidad, pero aún queda mucho por investigar”.
Por: Eva Costo
Fuente: La Gaceta

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