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martes, 5 de enero de 2010

TRES PREGUNTAS PARA ELIMINAR EL EGO DE LA TOMA DE DECISIONES

John baldoni, Consultor en Liderazgo. Nos hace reflexionar sobre un problema que en mi experiencia personal se presenta muy amenudo en los proyectos emprendedores, y en la transición de emprendedor a empresario.
Ahora que el Presidente Barack Obama debe decidir sus próximos pasos en Afganistán, hay algo que definitivamente no puede hacer: convertirlo en un tema personal. Este fue precisamente el error que cometió uno de sus predecesores, Lyndon Baynes Johnson, cuando amplio la escala de la guerra en Vietnam. Una y otra vez, como se va entendiendo al escuchar sus grabaciones del Despacho Oval, Lyndon Johnson personalizó la guerra no como una de Estados Unidos en contra de Vietnam (o Rusia o China) sino que como otra de Lyndon Baynes Johnson contra el resto el mundo, fuera éste el enemigo externo o aquellos dentro de su propia administración y país que se manifestaban en contra de la guerra.
Debemos ser categóricos, personalizar (tomar las cosas personalmente) no es lo mismo que apasionarse. Los líderes necesitan tener convicción en lo que hacen; necesitan amar su trabajo y a las personas que lo realizan. Eso es pasión. Por contraste, la personalización es una simbiosis enfermiza de ego y orgullo; lleva a perder el foco porque el ejecutivo pone por delante lo que él quiere hacer, en vez de lo que la compañía debería hacer. La personalización enturbia la presentación de los casos de negocios y por esa razón debe ser evitada. Para ayudarle en ello, le sugerimos tres preguntas que todo líder debe hacerse cuando toma una decisión que tendrá consecuencias relevantes para la organización.
1. ¿Cómo se beneficiará la organización con esta decisión?
Piense en cómo la decisión afectará la capacidad de la organización para lograr su misión. Los ejecutivos que empujan a sus equipos a lograr metas ambiciosas sin proporcionar el apoyo adecuado, pueden estar buscando atraer la atención de sus jefes más que ayudar a la empresa dar un buen servicio a sus clientes. Tal comportamiento tendrá también otro efecto secundario; el talento se irá. La respuesta a esta pregunta debe buscar beneficios para la organización y no meramente beneficiar el currículum de un ejecutivo.
2. ¿Qué consecuencias tendrá esta decisión para los empleados?
El caso de negocios que apoye su decisión debería tomar en cuenta el factor humano y cómo influye en el personal, en su capacitación y desarrollo. Los empleados deben ejecutar lo que sus líderes deciden y si sienten que su jefe sólo está haciendo algo para mejorar su imagen, estarán reacios a adoptar el cambio. Puede ser que acaten, pero nunca van a comprometerse, a menos que determinen los beneficios para ellos mismos.
3. ¿Cómo influirá en mi persona esta decisión?
Cuando usted está involucrado en un proyecto, es fácil que el ego se enrede con las consecuencias. Un ego saludable es necesario, pero cuando el ego es muy grande y lo enceguece ante problemas evidentes como la falta de recursos, desinterés de los clientes y baja moral de los empleados, habrá problemas. Como hemos visto con ejecutivos de empresas del sector financiero, nunca ha sido positivo que los intereses personales estén por encima de los intereses de la corporación o del público. Entonces si la respuesta a esta pregunta está más a favor suyo que de la empresa, este tema podría estar demasiado personalizado y necesitar una deliberación más acabada.
Existe un rasgo de personalidad que los líderes deberían poseer, y ése es la compasión. Lyndon Johnson estaba personalmente desconsolado por las fuertes pérdidas de vidas que “su” guerra había causado en Vietnam. Ningún presidente puede olvidar que los resultados de sus decisiones ponen a hombres y mujeres en peligro. Deben tener sentimientos por las personas bajo su mando, al igual que todo CEO debe cuidar a las personas que trabajan en la compañía. La compasión es una emoción dirigida a otros; la personalización es egoísta porque sólo se centra en el ego.
Demasiada personalización puede tener consecuencias mortales, y mantenerla a raya lo ayudará a navegar por problemas muy peligrosos con una mente clara y abierta, en vez de una que esté obnubilada por la arrogancia.
Por: John Baldoni
Fuente: Blog Hbral

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