sábado, 23 de enero de 2010

LOS VALORES DE TODA LA VIDA PARA LIDERAR

Las personas que conserven su estructura moral sobrevivirán.
La ética no es algo que se deba aprender, ha de estar impregnado en el código genético de cada uno. Es una estructura de conducta y no tanto de superposición de virtudes, define el filósofo Fernando Savater, que pone como ejemplo la película de los hermanos Cohen Muerte entre las flores para argumentar la necesidad de tener un código ético, incluso hasta entre gánsters. "Uno de ellos estaba preocupado por la ética y eso que su comportamiento no era el mejor". Porque para conseguir objetivos, añade, hace falta un soporte moral. De lo que se trata es de ser ciudadano. Y manejar, lo que Savater denomina, "esperanto moral, que es lo que nos permite entendernos y que está vinculado a la educación". Ser ciudadano es una obra de arte social a la que se accede por la vía de la educación. "Y es necesario cuando se vive en sociedades complejas, enfrentadas porque es una estrategia que nos da ventaja en el trato con los demás", prosigue el filósofo.
No se trata de que la ética y los valores se estudien en una universidad o en una escuela de negocios, eso se aprende con el ejemplo, con el día a día, desde pequeños, en la escuela, con la familia, con los amigos. Con la presente crisis se ha puesto de manifiesto la carencia de determinados valores y la necesidad de desarrollar nuevos liderazgos. Sobre este planteamiento, el abogado Antonio Garrigues sugirió a la APD, (Asociación para el Progreso de la Dirección) la necesidad de debatir sobre Nuevos valores, nuevos liderazgos hacia el reforzamiento de la sociedad civil.
"Es necesario reflexionar sobre estos temas, es algo pendiente y que se hará cuando haya un recrudecimiento de la crisis", añade Garrigues, quién define la ética como la integridad, y eso no es otra cosa que hacer lo que se debe hacer. Porque lo que cree este abogado que ha fallado es la ambición desmedida que generan los procesos de crecimiento, "y que suelen acabar en borrachera económica". Parece que la lección no se ha aprendido "porque acaba de explotar la burbuja de Dubai, que nadie se esperaba". Eso significa que nadie ha aprendido nada. "Que la prudencia, la templanza y el equilibrio no se aplican y que todo sigue siendo desmedido", afirma Garrigues. Estos tres términos han de estar incluidos en el vocabulario que debe manejar cualquier directivo o profesional.
En este diccionario debe estar la palabra perspectiva, un concepto que parece haber quedado en el olvido. "Hay gente que vive para el trimestre, eso es nefasto porque debemos recuperar el alma de la organización, y aquellos que la pierdan seguirán golpeándose".ndvalue.
Los líderes deben aprender el idioma del buen liderazgo, que recoge no más de 200 palabras, entre las que se incluye, por supuesto, la ética, "algo que la sociedad civil demanda y necesita cada vez más", dice Fernández Aguado, que cita el ejemplo de Julio César, al que compara con un gran directivo pero no su comportamiento, que no fue digno de un líder, "ya que provocó una guerra, en la que mató a su pueblo por defender sus intereses personales; no sabía lo que era la ética".
Otros ejemplos de grandes directivos, pero pésimos líderes, en opinión de este consultor, son los de Mao Tse Tung o Hitler, éste último se vanagloriaba de estar rodeado de mediocres. E insiste, al igual que Garrigues, que en el equilibrio está el secreto. "Lo que dicen algunos de que el cielo es el límite es falso, tiene que existir un límite, lo que se denomina equilibrio aristotélico", afirma. La justicia es otro vocablo a tener en cuenta por el líder, "si lo eliminamos todo se convierte en una cueva de ladrones", afirma Fernández Aguado, quien recomienda formular siempre tres preguntas: ¿quiénes somos, de dónde venimos y dónde vamos?. "Todos queremos ser felices, pero no hay que verlo como una meta sino encontrar la felicidad en el modo en el que avanzamos".
De preservar el mundo habla Juan José Almagro, director de responsabilidad social de Mapfre, que insiste en la necesidad de redefinir el papel de las empresas. "Es la hora de la solidaridad, de la promoción de la cultura de empresa dentro de las organizaciones, y de actuar y de concretar cada idea que se plantea, y de no confundir progreso con velocidad, todo tiene que ser al instante, el facilismo se ha instalado con una fuerza arrolladora", señala este ejecutivo, que anima a las empresas a valorar la cultura del esfuerzo y de la toma de decisiones con derecho a equivocarse. Según Almagro, conviene recuperar conceptos como honestidad, solidaridad y compromiso con la sociedad. El sociólogo Víctor Pérez defiende que la ética requiere introducir otro elemento como la energía, la capacidad para atreverse a hacer más cosas y critica el espíritu localista que se ha instalado principalmente entre los jóvenes. "Esto quiere decir que se hablan menos idiomas, se leen menos libros, existe una gran autocomplacencia y de esta manera no avanzamos", señala Pérez. Teme que se salga de la crisis sin aprender nada, tal y como entramos en ella. "En España tenemos un precedente reciente con el paro, que estuvo en el 20%, pero parece que lo hemos olvidado. Debemos estar atentos y dispuestos a cambiar de actitud social", prosigue.
Por su parte, Enrique Sánchez de León, director de APD, insiste en la necesidad de acuñar nuevos valores y redefinir el papel del líder, que "debe percatarse de un problema antes de que se convierta en crisis". Y achaca a esa falta de liderazgo que muy pocos, casi nadie, fueran capaces de anticipar la que se venía encima. Tampoco nadie sabe cuando acabará la pesadilla.
Por: Páz Álvarez
Fuente: Cinco Días

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