domingo, 10 de enero de 2010

LIFE COACH, ASESOR PERSONAL

La industria del life coaching, el asesoramiento personal, mueve 1.200 millones de euros anuales, así que, aunque no falten críticos, algo debe de tener. Los gurús de los famosos ya no se limitan a las estrellas de Hollywood. Asesoran a prestigiosos hombres de negocios y abogados porque son capaces de resolver sus crisis personales y laborales... por un nada módico precio.
Laura Day tiene un lema: «Si fuera Dios, cobraría más».
Como no lo es, su tarifa ronda los diez mil dólares mensuales por cliente. Entre éstos, actrices como Jennifer Aniston, Demi Moore y Rosanna Arquette; pero también ejecutivos de Wall Street o Silicon Valley y prestigiosos bufetes neoyorquinos. Dicho esto, ¿quién es Laura Day? Un ama de casa divorciada de 50 años, madre de un adolescente, que hace la colada en la lavandería o prepara tortitas con sirope mientras responde por el móvil a las llamadas de su clientela. En la nómina de las empresas que la contratan aparece bajo el epígrafe de consultora. Pero es mucho más que eso. Un ejecutivo le pedirá consejo sobre una inversión arriesgada, ayudará a un `superabogado´ a seleccionar o descartar a un miembro del jurado o calmará una crisis de llanto de una estrella de Hollywood. Su móvil permanece encendido las 24 horas del día. ¿Por qué confían en ella? Quizá sea eso lo más difícil de explicar. Hay quien la cataloga como vidente, una palabra que le repele y asocia a «carteles con luces de neón en callejones que huelen a pis de gato». Tampoco es espiritista. «Sólo tengo intuición», confiesa. Predijo la crisis económica mundial seis años antes de que se produjera y eso que reconoce que no tiene ni idea de finanzas.
Para ella, el conocimiento sólo sería un estorbo a la hora de utilizar el hemisferio derecho del cerebro, el que maneja las emociones y traduce los sentimientos. Es una sensación física. Según ella, tenemos atrofiada nuestra capacidad para verlas venir, que es innata. «Todo el mundo puede hacer lo que yo hago. No tengo un don especial.» ¿Y qué es lo que hace? Básicamente, esforzarse por escuchar su `vocecita interior´. En una entrevista concedida a The Daily Telegraph confesaba: «Lo que hago funciona mejor si no sé nada del asunto para el que me piden consejo. Soy un completo desierto informativo». No hace investigaciones por su cuenta, se limita a escuchar y detecta en la voz de su interlocutor los temores, las esperanzas... «Sólo intento tener una sensación de lo que es apropiado.» Un inversor puede estar comprando ciertos valores en Bolsa y ella intuir, por cómo se lo cuenta, que es mejor que se retire. «Pero no le daré una razón. El cliente ya se preocupará de buscarla.» Su carrera empezó a principios de los noventa. Recién separada («supe que me divorciaría mientras iba caminando hacia el altar») y al borde de la ruina, comenzó asesorando a un amigo que trabajaba en un fondo de inversiones y luego escribió un libro, Intuición práctica, que se convirtió en un bombazo editorial. Ahora imparte seminarios en Harvard y talleres para `tiburones´ de Wall Street. Y, con las mismas, presiente que la hija de Rosanna Arquette puede estar enferma sin ni siquiera verla (la actriz asegura que esa premonición salvó la vida de la niña) o consuela a Jennifer Aniston después de su ruptura con Brad Pitt.
Laura tuvo una infancia problemática.
«Mi madre tenía pulsiones suicidas y aprendí a llamar a la Policía a tiempo para salvarla.» Hoy lleva ganados 15 millones de dólares, aunque su padre, médico, es escéptico sobre sus habilidades. «Y también me equivoco. Normalmente, no en las intuiciones, pero sí a la hora de interpretarlas.» Dice que le cuesta más hacer predicciones sobre su futuro que sobre el de sus clientes. «Es más difícil intuir cuando entran en juego tus propios deseos y miedos.» Quizá sea ésa la razón por la que el negocio del asesoramiento personal –o life coaching– está asegurado. Una profesión en auge y una industria boyante que factura 1.200 millones de euros anuales y que ganó popularidad gracias a Hollywood. De los 10.000 profesionales federados que hay en el mundo (hay otros 20.000 que van por libre), más de la mitad trabaja en Estados Unidos. A falta de una regulación profesional, hacen las funciones de amigo del alma, confesor benévolo, oráculo privado, consejero espiritual, hermano mayor y gurú. Alguien con dos dedos de frente, una pizca de sentido común, otra de olfato y ganas de escuchar. Alguien que da palmaditas en la espalda cuando hace falta o se atreve a propinar un cachete simbólico, aunque seas presidente de una multinacional. Alguien que, más que ayudarte a triunfar, te prepara para que seas feliz. Y, si llega el éxito, te protege contra sus consecuencias. Disponible día y noche, por teléfono o en persona. A una tarifa que sólo está el alcance de unos pocos: desde cien euros la hora, los más baratos, hasta 3.000. Los salarios anuales oscilan entre 20.000 y 80.000 euros.
Los más caros utilizaron los ángeles como trampolín.
Y están especializados en la industria del cine: guionistas, directores, productores y, sobre todo, actores. Cada gremio tiene sus neurosis, sus fobias. Según The New York Times, los servicios de los life coach se han triplicado en los últimos años. La federación internacional reconoce, con todo, que sólo una pequeña parte de sus asociados han pasado por un proceso de certificación. No hay estudios homologados. Cada maestrillo tiene su librillo, o, mejor dicho, su workshop (`taller´), donde cualquier filosofía o religión, desde la cábala al budismo, es reciclable. Un life coach que se precie dará conferencias, tendrá su página web y un par de libros publicados. Incluso repartirá folletos en actos como la ceremonia de entrega de los Oscar o los Grammy. El pionero es Deepak Chopra, endocrinólogo de origen indio. No descuida ningún aspecto del negocio: camisetas, velas aromáticas, música inspiradora y una red de chamanes personalizados. Sus ingresos: 15 millones de euros anuales. «Pero el dinero sólo es energía», puntualiza. Sólo la australiana Rhonda Byrne puede hacerle sombra en popularidad. Tuvo una crisis vital en 2004, a raíz de la muerte de su padre, la depresión de su madre y dificultades financieras y laborales (es productora de televisión). Su hija le pasó un libro fotocopiado, La ciencia de hacerse rico, de Wallace Wattles, escrito en 1910. Y vio la luz. La teoría de Wattles es que los pensamientos son imanes. Los buenos pensamientos atraen prosperidad y los malos, sólo problemas. Es la enseñanza que subyace en la obra de Rhoda, El secreto (libro y película).
Los entrenadores personales han sabido exportarse a otros ámbitos, más allá del de las celebridades de la pantalla: primero, al mundo de las finanzas. Rachel Shayne es una life coach especializada en el mundo de la empresa que empieza renovando el fondo de armario: «Un traje que siente bien y unos zapatos cómodos ayudan a recuperar la autoconfianza».Otros profesionales, como profesores, enfermeras e ingenieros, sometidos a un fuerte estrés también empiezan a recabar los servicios de estos entrenadores, acudiendo a los seminarios, más baratos. «Sin embargo, no hay que confundir al life coach con un psicólogo o un terapeuta. La psicoterapia ayuda a curar heridas, mientras que el entrenador personal ayuda a conseguir los objetivos y ser felices, tengan heridas o no», aclara Phil Towle, que lidió con las manías, caprichos y disputas de los integrantes de la banda de rock Metallica, por un salario de 40.000 dólares mensuales. Towle había trabajado como psicoterapeuta durante más de 30 años antes de convertirse en life coach. «Lo hice porque estaba cansado de lidiar con las pesadillas de la gente. Lo que hago ahora es trabajar con sus sueños.»
Por: Carlos Manuel Sánchez
Fuente: XL Semanal

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