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sábado, 5 de diciembre de 2009

EL PEZ GORDO NO SIEMPRE SE COME AL CHICO

Los tres protagonistas de la obra de teatro de Roger Rueff son un ejemplo del conflicto generacional que se vive en el seno de muchas organizaciones, más centradas en sus objetivos de negocio que en la adecuada gestión del trabajo en equipo de sus profesionales.
Conseguir un suculento acuerdo comercial con el presidente de una gran compañía es el objetivo de los personajes de la obra de teatro El pez gordo: Phil, un jefe de cuentas cincuentón y divorciado; Larry, que pasados los cuarenta es la personificación del comercial agresivo; y Bob, un joven afable y de sólidas creencias religiosas que se enfrenta a su primer trabajo.
La trama de esta representación fue la excusa de la consultora Persona para reunir a un grupo de directores de recursos humanos y reflexionar sobre algunos aspectos de la gestión de personas que se reflejan en esta pieza. El primero de ellos, el conflicto generacional que se vive a diario en muchas organizaciones, inundadas de valores corporativos pero incapaces de gestionar de forma adecuada las capacidades de sus profesionales en las distintas etapas de su carrera. “Las empresas son como plataformas para que las personas opten por un camino u otro, actúan como un filtro uniforme”, explica Javier Martín de la Fuente, consejero delegado de Persona.
Primer acto: los valores
Para Amalia Rodríguez, directora de RRHH de Grupo Marsans, "el principal objetivo de las corporaciones es subsistir, y para ello necesitan un sistema que les permita crecer. Las personas tienen que retroalimentar el modelo para que evolucione".
El objetivo de la firma de lubricantes industriales para la que trabajan los protagonistas de la obra es captar clientes, en concreto firmar un acuerdo con el señor Fuller, el pez gordo que logrará sacar a flote esta compañía abocada irremediablemente a la quiebra. José Ignacio Echegaray, socio de Persona, analiza hasta qué punto unos valores pueden invadir la esfera personal: "En esta historia, Phil y Larry están metidos de lleno en su función comercial. No tanto Bob, que antepone los valores personales y sus creencias religiosas al objetivo empresarial".
Bernabé Rico, actor que da vida a Bob en el escenario, explica que si su personaje se adaptara, el conflicto no existiría: "Él lleva sus convicciones morales al extremo, sin importarle las consecuencias que suponen para el futuro del negocio". Por su parte, Rodríguez añade que "el joven utiliza el ámbito profesional para defender la religión, ese es su objetivo". Mientras Phil y Larry han renunciado a parte de su personalidad en beneficio de la organización, Bob se resiste hacerlo, apostando por lo que más le importa: su fé. Luis Expósito, director de RRHH de Telecinco, encuentra cierta explicación a este comportamiento: "Cuando uno se incorpora a una organización lo hace con una idea, pero son las circunstancias las que le sumergen en la cultura corporativa de forma natural".
Segundo acto: los clones
Para José Ignacio Gómez Zavala, director de recursos humanos de Aldeasa, "a menudo las empresas son incapaces de aprovechar el potencial de sus empleados que operan bajo unos valores homogéneos matando la diversidad". Nos hallamos ante organizaciones que contratan clones, profesionales cortados por el mismo patrón para funcionar como los que les precedieron en el cargo. En cuanto a este tema, que centró parte del debate, Rodríguez comentó que los tres protagonistas son la misma persona: "Problamente Bob sea tan agresivo como lo es Larry en la actualidad y, este último, aprenderá a relativizar las cosas cuando alcance la edad de Phil".
Echegaray explica que "en general no hay clones en las empresas, pero cada organización tiene una cultura que acaba calando en cada profesional”. Rico apunta que, “al repetir la función acabas vistiéndote y actuando de igual manera que el resto de los empleados".
Tercer acto: la comunicación
Echegaray considera que lo que coexiste en el fondo de la trama es un fallo de comunicación. "Ni Larry ni Phil tratan de engatusar en ningún momento a Bob, no le hacen sentirse parte de la empresa. Es un problema que a veces surge en las organizaciones, no hacemos nada por convencer a los empleados de los objetivos de negocio", señala Gómez Zavala.
La comunicación no fluye entre los tres personajes que actúan por impulso y movidos por los objetivos que les marca su trabajo. Mientras Phil ha hecho una transición muy buena y ha llegado al equilibrio entre trabajo y familia, Larry sólo piensa en la primera faceta. Por su parte, Bob no encuentra una salida. Sin embargo es este último el que al final, sin proponérselo, logra captar al señor Fuller. En este caso el pez chico logra comerse de un bocado al gordo.
Por: Montse Mateos
Fuente: Expansión y empleo

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