sábado, 14 de noviembre de 2009

SI LA COSA FUNCIONA: EL SUICIDIO NO ES LA SOLUCIÓN PARA AFRONTAR EL CAMBIO

Esta divertida comedia, plagada de absurdos, permite reflexionar sobre los riesgos que implica no afrontar las novedades en los proyectos profesionales.
En su nueva película, Woody Allen regresa a Nueva York con una divertida comedia que, cargada de humor negro, nos habla de la vida de un excéntrico y maduro Boris Yellnikoff. Físico renombrado y antiguo profesor universitario, Boris, después de abandonar su acomodada vida junto a una hermosa mujer adinerada y tras un primer intento de suicidio del que le queda una evidente cojera, se casa con una ingenua e impresionable joven del Sur. Además, Boris tiene un carácter casi insoportable que sufren estoicamente sus jóvenes alumnos de ajedrez y sus contados amigos.
La clave de este absurdo enredo reside en que el amor es sólo una combinación de encuentros afortunados que, de forma nihilista, hay que aprovechar "si la cosa funciona". En esta película, no vemos a personas que luchen por superar la adversidad para tratar de salvar los obstáculos que la vida siempre va poniendo. Antes que afrontar proactivamente las dificultades, parece queWoody Allen propone dejarse llevar y adaptarse a los acontecimientos; y cuando se acabe lo bueno, no descarta el completo abandono.
La transformaciónLos cambios afectan a la granmayoría de las organizaciones; y en el entorno actual de crisis económica, es una realidad que tienen que afrontar de forma casi continua. Y, normalmente, cualquier transformación organizativa afecta demanera directa a sus miembros. Numerosos estudios demuestran que afrontar los cambios de organización con éxito depende, en gran medida, de una adecuada involucración de los profesionales.
Cuatro son los aspectos clave de la gestión de personas para superar las novedades con éxito: que conozcan, entiendan, compartan y actúen proactivamente con un plan y sin perder de vista los objetivos y valores que les mueven. De lo contrario, los resultados pueden ser imprevisibles.
Estereotipando, podemos afirmar que las personas frente a un escenario de cambio pueden actuar de tres maneras diferentes: La primera ymás sencilla forma de afrontar la transformación es, –tal vez por el estado emocional de inseguridad que promueve cuando esta se produce–, la de "meter la cabeza debajo del ala". Eso es lo que hace nuestro principal protagonista varias veces puesto que, frente a una situación frustrante para él, opta por lo más cómodo: abandonar; hasta el punto de que se decanta por el suicidio.
La segunda es adaptarse a los nuevos escenarios que se van produciendo, sin grandes dosis de análisis ni de resistencia; simplemente, respondiendo a los estímulos de cambio de una manera excesivamente emocional y poco elaborada.
Este es el caso del conservador padre de Melody que, tras demostrar que es un mujeriego, se deja llevar –en una noche de copas– hacia una relación homosexual. La tercera vía es analizar el nuevo escenario, valorar las oportunidades e iniciar un plan de acción en un plazo razonable. Se trata de un enfoque de actuación que no encontramos en la película y que, sin embargo, es el más coherente cuando se trata de tomar un nuevo camino del que ya se ha recorrido un gran trecho. En Si la cosa funciona la novedad se toma de forma cómoda: nadie se plantea si, a pesar de las dificultades, merece la pena luchar por aquello en lo que uno se había embarcado en un principio. Lo cómodo es abandonar o esperar a la próxima ola, aunque no se sepa dónde nos lleva: mientras que la cosa funcione… Ese esquema de comportamiento en la empresa no funciona.
En el mundo de las organizaciones, como en la vida, soportar los escenarios de cambio que se producen en proyectos en marcha exigen reflexión y actuar de forma racional. Ningún profesional debería tirar por la borda un proyecto, salvo que se sepa que no es viable; y en este caso no sería un fracaso sino la solución menos dañina.
Adaptarse a la transformación organizativa supone dedicación, esfuerzo y cambio de paradigmas. Para el profesional implica desplegar competencias como la capacidad de análisis o la flexibilidad, pero no entendida como capacidad de abandono a la primera o adaptación a cualquier precio.
Puede que lo que suceda en el actual entorno de crisis económica se deba, en parte, a que los principales actores prefieren adoptar medidas cortoplacistas, –los despidos, los subsidios, el cierre, ¿el suicidio?–, antes que trabajar duro y a largo plazo para aprovechar lo que podría tener de bueno el proyecto profesional.
Y es que hay organizaciones y profesionales que, en vez de luchar asumiendo riesgos y sacrificios, prefieren asumir cambios a lo loco, sin tomar consciencia verdadera de los riesgos. ¿Cuántos profesionales no han tirado por la borda su carrera por hacer cambios de forma nihilista? ¿Puede valer este tipo de actuaciones en las empresas?. Tal vez, sólo cuando no hay viabilidad cierta. Las cosas funcionan si están planificadas y controladas en su evolución. Es bueno ser flexible y virar, pero no dejar las cosas al azar.
En definitiva, podemos ver una comedia que, con una gran dosis de absurdo, nos hará pasar un buen rato y en la que Woody Allen vuelve a sus orígenes neoyorquinos.
Pero de la que debemos saber extraer la moraleja de que no saber afrontar los cambios es muy arriesgado, cuento menos. Alguien, además, podría decir que otra cosa buena de la película es que Woody Allen no hay caído en la tentación de interpretarla.
Por: Antonio Peñalver
Fuente: Expansión y empleo

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