domingo, 15 de noviembre de 2009

¿QUIÉN SERÍAS SIN TUS MIEDOS?

El miedo nos paraliza y no permite desarrollarnos, pero si lo controlamos puede ser un activador para superar cualquier circunstancia. En está entrevista Alex Rovira, Autor de la Buena suerte, nos da su punto de vista sobre los avatares de la crisis y como nos afecta.
Los psicólogos y coachs constatan que hay dos formas antagónicas de afrontar la existencia: el victimismo y el protagonismo. Es decir, los que ven la vida como un problema a resolver y los que la contemplan como una oportunidad para aprender. Los que creen que la vida está regida por la suerte, el azar y la casualidad, y los que saben por experiencia que existe "la ley de la causa y el efecto", por la que uno termina "recogiendo lo que siembra". Y en definitiva, los que piensan que serán felices cuando la vida les sonría y los que han descubierto que la vida empieza a sonreírles cuando aprenden a ser felices.
Entre otros protagonistas, destaca el escritor Álex Rovira (Barcelona, 1969), autor, entre otros best sellers, de La buena crisis (Aguilar). Tras vender millones de libros, es un icono de la narrativa empresarial y del "management inspiracional".
Pregunta.
¿Qué tiene de bueno esta crisis?
Respuesta.
Pues que va a servir de palanca de cambio para desenmascarar las falsas creencias y los valores corrompidos del viejo paradigma materialista. Y esto va a generar muchas crisis existenciales individuales, provocando que las personas que basan su felicidad en aspectos externos comiencen a cambiar su foco de atención, volviendo su mirada hacia el interior. Por más doloroso que pueda resultar, es un proceso tan natural como necesario. Pero debido a nuestro temor al cambio, sólo nos atrevemos a cambiar cuando nuestro sufrimiento es mayor que nuestro miedo.
P. ¿Ha padecido alguna crisis existencial?
R. Varias. Por ejemplo, cuando tenía 27 años un infarto se llevó a uno de mis mejores amigos y su muerte me arrastró a una depresión, de la que salí sin pastillas, escribiendo. Así surgió mi primer libro, La brújula interior.
P. ¿Y cómo ve la vida hoy?
R. Estoy aprendiendo a recibir los contratiempos con humildad, pues me permiten limar mi ignorancia y desarrollar la objetividad y la sabiduría para poder aceptar lo que sucede en cada momento. Ya no doy por sentado nada. Por eso me sigo sorprendiendo por todo lo que me está pasando, y no sólo en el plano profesional.
P. ¿Qué le mueve a hacer lo que hace?
R. La gratitud de estar vivo y de poder servir a los demás haciendo lo que amo: compartir mi propia experiencia. Debido a la sociedad en la que vivimos, muchos se han olvidado de que la vida es un milagro. En eso consiste vivir despierto: en agradecer y compartir, desarrollando tu función lo mejor que puedas. La pregunta no es qué puede hacer la vida por ti, sino qué puedes hacer tú por la vida. Y para eso primero tienes que comprometerte con tu propio crecimiento interno: ¿quién serías si no tuvieras miedo?
P. ¿Es usted feliz?
R. Más que feliz, me siento en paz conmigo mismo, con los demás y con la vida. La verdadera felicidad emerge desde nuestro corazón cuando relajamos cuerpo y mente. Por eso es absurdo e inútil buscarla afuera. Aunque es cierto que nos visita de improvisto cuando disfrutamos intensamente del momento presente, podemos aprender a crear las condiciones necesarias para que se instale en nosotros cada vez con más frecuencia y profundidad. Yo prefiero la alegría a la felicidad.
P. Entonces, ¿el éxito no le ha ayudado a ser más feliz?
R. En absoluto. El éxito mundano le da a tu ego más excusas para querer que la realidad se adapte a tus deseos y expectativas. Si no vas con cuidado te puede esclavizar en el egocentrismo y la insatisfacción. Sobre todo porque con este tipo de éxito viene la fama y ésta hace que los demás cambien la manera de verte y de relacionarse contigo. Te convierten en un personaje. Para no volverte un narcisista es importante discernir entre lo ilusorio y lo real.
P. ¿Y cómo lo hace?
R. Siendo honesto. Intento no engañarme acerca de cómo me siento y de cómo me relaciono con los demás. El éxito tangible y mundano me sirve para reforzar mi convicción de que el verdadero éxito es intangible y espiritual.
Por: Borja Vilaseca
Fuente: Negocios, Carreras & Capital Humano, El País

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