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jueves, 5 de noviembre de 2009

PEOR QUE EL ENEMIGO: EL CONFIDENTE DESTRUCTIVO DEL CEO

Los CEO casi siempre necesitan un consejero íntimo. Pero a menos que los líderes examinen sus propias motivaciones –y las de sus confidentes– estas relaciones casi con seguridad serán peligrosas y, en algunos casos, catastróficas.
Con frecuencia, el CEO es el empleado más aislado y protegido de una organización. Nadie le entrega información sin filtrar. Muchas personas le esconden o disfrazan las cosas. Pocos líderes, incluso los CEO veteranos, pueden trabajar sin hablar con alguien sobre sus experiencias, y es por ello que la mayoría entabla una relación estrecha con un colega de confianza, alguien con quien compartir sus ideas y temores. Pocos líderes hablan sobre estas relaciones, quizás debido a que no les gusta reconocer que dependen de otros. Pero, en los negocios como en asuntos políticos, la mayoría se apoya en el consejo y las opiniones de un cercano de confianza: un confidente. La necesidad de un confidente cercano se remonta a la niñez. Todo niño quiere sentirse cerca de alguien que lo comprenda, cuide y ame. Aunque comúnmente los padres satisfacen tales deseos infantiles, éstos nunca son completamente satisfechos.
Durante la adolescencia esto se resuelve típicamente buscando un mejor amigo entre el grupo de pares, y generalmente se escoge a personas del mismo sexo. Más tarde en la vida, cuando nos vemos en situaciones difíciles, buscamos un refugio similar en un adulto. Los CEO más eficaces encuentran confidentes que complementan sus fortalezas y mejoran su efectividad. Bill Gates tiene a Steve Ballmer; Warren Buffett recurre a su vicepresidente, Charlie Munger. Al final, tanto los CEO como sus organizaciones se benefician de estas relaciones.
Muchas relaciones entre CEO y confidente funcionan muy bien. Estos confidentes sirven bien a sus líderes y actúan en el mejor interés del CEO. Obtienen su gratificación indirectamente –a través de la ayuda que entregan y no de ganancias personales— y generalmente están bastante concientes del abuso potencial de su acceso a los secretos más íntimos del CEO.
Desgraciadamente, un número casi igual de confidentes termina dañando, socavando o explotando al CEO en momentos en que éste está más vulnerable. Estos confidentes raramente hacen noticia, pero tras bambalinas hacen un enorme daño al CEO y a la organización. Es más, con frecuencia el líder es el último en saber cuándo y cómo la relación con el confidente se vuelve tóxica. Los confidentes peligrosos vienen en todas las formas y tamaños. A veces son deliberadamente intrigantes y deshonestos. Al igual que Rasputín, el astuto manipulador de la familia imperial rusa, estos confidentes abiertamente dañinos tienen personalidades sociopáticas: regularmente mienten y engañan para conseguir sus fines, sin mostrar cargo de conciencia visible...
Por: Kerry J. Sulkowicz
Fuente: Hbral

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