lunes, 12 de octubre de 2009

LO MALO DE LOS MALOS RESULTADOS

¿Es malo tener malos resultados?
¡Qué otra respuesta que sin lugar a dudas! Pero, ¿por qué es malo? La pregunta genera seguramente un gesto de incredulidad: porque es malo, porque se pierde dinero, porque es mejor ganar que perder...
Obviamente es la respuesta correcta. Pero también es conveniente reflexionar sobre las muchas otras razones por las cuales tener malos resultados es malo. En general estas no se tienen presentes, y esta ignorancia lleva a que los “malos resultados” no se perciban como todo lo malo que realmente son. Los efectos colaterales de los malos resultados son peores de lo que uno imagina. A continuación se proponen diez razones por las cuales los malos resultados hacen daño, aunque en ocasiones, estos daños no sean percibidos por los afectados.
1. El mal resultado impide mantener la política de dividendos más prudente y adecuada al sector y al país, y se reduce el margen de discrecionalidad sobre su reparto.
2. El mal resultado del gestor le hace perder influencia para elegir sucesor. Suelen entonces elegirlo personas de afuera y con criterios inadecuados. Impide captar y retener los profesionales e inversores más adecuados.
3. El mal resultado hace perder el control del “proyecto de empresa” que se tenga iniciado. Induce a usar menos dinero en la empresa o drenar el negocio, lo que hace aún más difícil su recuperación y continuidad.
4. Se puede tener la tentación de acudir a un accionista salvador.
5. La mentalidad de jugador al “todo o nada” –buscar el pelotazo–, aumenta la probabilidad de malos resultados por decidir arriesgadamente, fuera del momento oportuno, etc. La alternativa a lo óptimo suele ser lo pésimo: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”.
6. La regularidad –sin óptimos ni pésimos– ayuda a mantener la fidelidad de clientes y proveedores, especialmente los financieros.
7. El esfuerzo por la estabilidad en los resultados ayuda al acierto en las previsiones y al uso más racional de los medios. Es un círculo virtuoso.
8. El mal resultado favorece cierta confusión por no saber exactamente a qué fue debido: ¿mala estrategia?, ¿mala ejecución? Los resultados ordinarios, sin embargo, permiten diagnósticos finos y buenas reacciones para mejorar.
9. El mal resultado va parejo a cierta falta de serenidad que lleva a “quemar” etapas, tentación de cambiar de rumbo, a no consolidar los ritmos de evolución de la empresa, y al predominio de lo urgente sobre lo importante.
10. Tener resultados razonables ayuda a consolidar el poder. Y el uso prudente del poder lleva a su vez a la estabilidad de resultados.
Por: Luis M Calleja y Pablo Regent
Fuente: Ieem

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