lunes, 12 de octubre de 2009

EL LIDERAZGO DE ZAPATERO Y DE RAJOY

El liderazgo, tanto en las empresas como en la política, es especialmente necesario en épocas de crisis.
Estos días numerosas encuestas coinciden, además de en el adelanto del PP al PSOE, en la baja, muy baja, opinión que la ciudadanía tiene de los líderes de los dos grandes partidos nacionales, aunque con cierta asimetría en su evolución respectiva. Mientras que el recorte en evaluación ciudadana de Rodríguez Zapatero dificulta las opciones de repetir Gobierno de su partido tras las próximas elecciones, los destinos del PP y de Rajoy no parecen ligados. Rajoy sigue en cuotas de popularidad muy bajas, mientras su partido mantiene o eleva las suyas. Es más, se puede pensar que la fidelidad de los votantes del PP a su partido es independiente de Rajoy.
La crisis económica es un terreno de juego en el que tanto Rodríguez Zapatero como Rajoy se mueven mal. Irónicamente y en el fondo, el líder socialista compartía 'de facto', antes de la crisis, el supuesto de los partidarios del liberalismo económico: el problema de la Economía está resuelto en lo fundamental y no hace falta tener un pensamiento económico alternativo. Lo importante para Rodríguez Zapatero son los temas que él denomina de 'ciudadanía'. Por tanto, ni sus competencias, ni su vocación, ni sus tácticas pueden responder a los retos actuales, y de ahí la impresión, tremenda, que desprende de no saber qué hacer; y de que sus respuestas son desesperados cálculos electorales, no soluciones objetivas al problema.
Obviamente, para Rajoy la crisis económica es objetivamente su gran oportunidad: una vez resuelta a su favor la lucha de poder interna se encuentra, acto seguido, con un contexto que desgasta de manera incesante a su oponente, sin necesidad de que el mismo Rajoy se comprometa en alternativas concretas y retadoras, más allá de la propuesta de bajar los impuestos. Pero liderazgo es más que eso.
El país necesita un proyecto más en positivo que el mero 'somos más competentes en economía que los que gobiernan', más a largo plazo que la bajada de impuestos. Rajoy no está acumulando capital político para el futuro. Y de gobernar, se puede encontrar con un claro problema de mandato por parte de los electores: que éste sea únicamente el de salida de la crisis, pero que no vaya más allá de ello. Y que cuando tenga necesidad de pedir sacrificios, o aunar voluntades para dotar de un sentido estratégico a la marcha del país, o quiera implementar el ideario del PP -y tendrá enormes presiones internas, dentro del entorno conservador, para cambiar algunas políticas de ciudadanía o sociales que ha desarrollado Rodríguez Zapatero-, se encuentre con una contestación social que no está acostumbrado a gestionar.
Desde el punto de vista del liderazgo, los últimos meses son muy ilustrativos de problemas típicos de altos dirigentes, de cualquier ámbito, cuando se enfrentan a cambios en el entorno. Quizás el más importante de ellos es la rigidez de estilos de comportamiento, que es muy visible, por cierto, a los electores. Rodríguez Zapatero ha respondido al problema económico como si fuese exclusivamente un tema político, táctico, que es el terreno en que se mueve con soltura. Y de ahí, además de su ineficacia, la impresión de improvisación constante ya mencionada, lo que es una mina de oro para las críticas, muy personales, que Rajoy le hace.
Pero también rigidez en Rajoy, que no sabe ver que el lema de actuación que le ha servido en el ascenso de su carrera política -no gastar capital político salvo que fuese absolutamente necesario- ya no sirve cuando está prácticamente en la cumbre de la misma. Y su actitud ante los problemas en Valencia, la de dilatar al máximo su intervención, cuando no la de esperar a que los problemas se resuelven solos, no le está ayudando a aumentar su prestigio ante el electorado; el cual quizá pueda necesitar en el futuro, incluso ya desde el Gobierno, cuando necesite la confianza del país para afrontar retos difíciles que demanden sacrificios.
Las dificultades de Rodríguez Zapatero y Rajoy como líderes remiten finalmente a la capacidad de los partidos políticos de desarrollar y llevar a posiciones de máxima responsabilidad a las personas con mayor potencial.
Por razones históricas -en la Constitución se sobreprotegió a los partidos para compensar su debilidad, tras medio siglo de funcionamiento clandestino-, éstos se han convertido en maquinarias que premian la lealtad al grupo y favorecen carreras de 'apparatchik'. Así están los 'barones' locales en ambos partidos. Es más, los partidos favorecen dirigentes locales o regionales, no nacionales, ya que es más fácil ganar repetidamente elecciones municipales o autonómicas, que están típicamente más enfocadas a la gestión diaria y con menor horizonte y ambición estratégica, que elecciones al Parlamento de la Nación, donde es muy difícil permanecer más de dos legislaturas en el poder.
Lo irónico es que Rodríguez Zapatero y Rajoy son dirigentes que siempre han desarrollado su carrera en el ámbito nacional -el actual presidente como parlamentario y Rajoy, desde tiempos tempranos de su trayectoria, en ámbitos de responsabilidad en la Administración central-y, sin embargo, su actitud ante los retos a que se enfrentan es, en ambos casos, de un tactismo preocupante.
Por: José Luis Álvarez es Director del Advance Management Program de ESADE y doctor en Administración de Empresas por la Universidad de Harvard
Fuente: El Diario Montanes

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