Cargando...

domingo, 25 de octubre de 2009

AGORA: TOLERANCIA LA OTRA CARA DE LA DIVERSIDAD

Hipatia es un ejemplo para los ejecutivos que eliminan la cultura corporativa de la compañía absorbida. En sus cinco primeras películas, Alejandro Amenábar ha cultivado diversos géneros: el thriller (Tesis), la ciencia-ficción (Abre los ojos), el terror (Los otros), la biografía (Mar adentro) y el cine histórico, «las de romanos» (Ágora). Y sin embargo, su obra repite dos patrones: el juego entre la vida y la muerte («la filosofía es una meditación de la muerte», Erasmo de Rótterdam) y la búsqueda de la verdad.
Ágora es la historia de Hipatia de Alejandría, filósofa, matemática y astrónoma, una gran maestra del siglo V asesinada por el fanatismo oscurantista. La película nos invita a la reflexión sobre el fervor que conduce a la violencia y sobre la enorme importancia de una actitud tolerante. Como ha dicho el propio Amenábar: «Lo que me resulta increíble es que aún haya chavales poniendo bombas. Este filme va dirigido a ellos».
Richard Florida, el padre del concepto de Clase Creativa –las comunidades humanas, sean ciudades, estados, países, etcétera, que cuentan con mayor cantidad de clase creativa se desarrollan más que el resto–, ha introducido, junto al talento y la tecnología, la T de tolerancia en el modelo. Hasta tal punto es esencial en el entorno globalizado actual. El término procede de la física –alude a la capacidad de los materiales de ser flexibles– y hoy se entiende como el respeto a las ideas, creencias y prácticas de los demás cuando son diferentes de las propias.
Los ejecutivos intolerantes
Tolerancia. Aborrecemos la violencia cuando se presenta en el asesinato de inocentes, de personas virtuosas como Hipatia de Alejandría; nos repugna el fanatismo de los atentados terroristas. No puede ser de otra manera. Sin embargo, con mayor frecuencia se presenta la intolerancia de una forma más sutil. Es intolerante aquella organización que, cuando vienen mal dadas, «corta por lo sano» y prescinde inmediatamente de muchos de sus profesionales. Son intolerantes los ejecutivos de una empresa cuando, en una fusión, desprecian y eliminan la cultura corporativa de la compañía absorbida.
Es intolerante aquel empleado tóxico que fomenta el mal ambiente de trabajo, que lo hace irrespirable. Son intolerantes los políticos que atacan a sus rivales simplemente porque no piensan como ellos. Son intolerantes los periodistas que dogmatizan y generan un estado general de ansiedad. Ser tolerante no significa el «todo vale» posmodernista, actuar como una veleta en función del viento –«mercadear con la fe», como dice Hipatia–. Significa mantener unas creencias profundas, arraigadas, y respetar sinceramente las posiciones ajenas. La tolerancia es una de las principales virtudes humanas y, según los estudios internacionales, los españoles no salimos demasiado bien parados en este capítulo.
La tolerancia es la otra cara de la diversidad. No somos realmente tolerantes si no sabemos aprovechar adecuadamente la diversidad que existe a nuestro alrededor. Por ejemplo, la diversidad de género. En la mayoría de las películas de Amenábar –Ana Torrent en Tesis; Nicole Kidman en Los otros y ahora Rachel Weisz en su papel de la filósofa Hipatia–, la «heroína» lucha en un mundo de hombres. En nuestras organizaciones el talento femenino no se aprovecha como debiera.
La Alejandría del final del Imperio romano es un crisol de culturas, y eso es precisamente lo que nos muestra Amenábar en la película. La ha rodado en Fort Ricasoli, en Malta (escenario de Troya o Gladiator), ha elegido como director de producción al británico Guy Dyas; como diseñadora de vestuario a la italiana Gabriella Pescucci; como compositor de la música al trasalpino Dario Marianelli; y como director de fotografía a Xavi Giménez. También el elenco de actores refleja esta diversidad.
La actriz británica Rachel Weisz (Óscar por El jardinero fiel), el joven Max Minghella, el guatemalteco Óscar Isaac, el israelí Ashraf Barhom, el francés Michael Lonsdale, el iraní Homayoun Ershadi y el inglés Rupert Evans. Han participado profesionales de 40 nacionalidades. La película de mayor presupuesto de la historia del cine español (50 millones de euros) es también la más global, una estupenda noticia para un país tan poco abierto en realidad: exportamos la mitad en términos de PIB que nuestros vecinos italianos, por poner un ejemplo.
Ágora nos muestra un tiempo de tolerancia, un lugar de convivencia pacífica en la que «ninguna idea vale más que la vida de un ser humano y nadie es poseedor de la verdad». Necesitamos mayor tolerancia cultural, y mayor tolerancia a la frustración (la «sofrosiné» o autodominio que practica Hipatia). Sin mayor tolerancia, salir de la crisis nos va a costar mucho más.
Por: Juan Carlos Cubeiro
Fuente: Expansionyempleo.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada