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domingo, 27 de septiembre de 2009

LAS SORPRESAS PUEDEN RESULTAR AMENAZANTES, PERO EN ELLAS SE SUELEN ENCONTRAR LA MAYORÍA DE LAS NUEVAS OPORTUNIDADES

Catedrático de Harvard y escritor, Gerald Zaltman explica en esta entrevista cómo aplicar las “metáforas profundas” a los productos y servicios, y por qué la mayoría de los negocios no logran ir más allá del pensamiento superficial.
EL QUÉ pensamos se produce a nivel consciente, donde es más fácil que intervengan el espíritu crítico y la voluntad de actuar de forma justa. Sin embargo, EL CÓMO pensamos se produce de modo inconsciente –al igual que ocurre con cómo hablamos–.
El cómo pensamos tiene que ver con hábitos mentales y, por lo tanto, no está sujeto al control consciente que sí podemos aplicar, por ejemplo, a una opinión, una creencia o un hecho. El problema es que esta relativa falta de acceso al cómo pensamos nos impide evaluar y modificar nuestro modo de pensar.
Los hábitos mentales se desarrollan y se refuerzan a lo largo de extensos períodos de tiempo y por una gran variedad de circunstancias. Sus fundamentos neuronales se caracterizan por asociaciones que son mucho más sólidas que las que existen para los pensamientos sobre los que operan dichos hábitos. De hecho, estamos mucho más “enganchados” a cómo pensamos que a lo que pensamos. Dicho esto, hay que señalar que los hábitos mentales son inevitables y que normalmente nos benefician más que perjudican.
La clave está en entender en qué consisten para que, cuando se produzca una situación concreta en la que esos hábitos no funcionen bien, sepamos qué es lo que hay que cambiar.
El mayor desafío no es conseguir que la gente utilice ideas de diferentes disciplinas, sino conseguir que integren estas disciplinas en su mente
Debemos acabar con la división de las disciplinas en compartimentos estancos, aunque para eso no existe una solución fácil ni rápida
Por: Karen Christensen
Fuente : HDBR

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