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miércoles, 2 de septiembre de 2009

El síndrome del perro San Bernardo

Cuando las personas no consiguen dejar de socorrer a quien , en dificultades piden su ayuda, derrochando toda sus energías y todo su esfuerzo hasta conseguido el salvamento, por cada persona rescatada , sin embargo, hay otras muchas esperando su ayuda inclusive hasta el punto de abandonarse uno mismo.
De modo que el perro san Bernardo estaba inmerso en continuas e ininterrumpidas operaciones de salvamento.
Como todos los casos de los guiones que se repiten una y otra vez, también en éste modelo del yo te salvaré, resultaba vencedor al principio, ya que como componente importante para el éxito profesional, o como modo de conseguir el éxito en el plano de las relaciones personales. La sensación de base que alimenta el guión es el placer de sentirse sus propias capacidades de ayudar a las personas de su entorno, que produce la agradable sensación de ser amado y buscado por todos.
Sin embargo, poco a poco, este guión inicialmente elegido y convertido luego en espontáneo gracias a la continua repetición, al volverse rígido, puede uno caer en disfuncionalidades.
Si bien es cierto que el perro san Bernardo estaba muy solicitado, de hecho, lo es sobretodo en virtud de que era de ayuda para los demás.
Y esto empezaba a hacer aparecer un intenso sentimiento de soledad en quien, en apariencia, estaba continuamente rodeado de personas que buscaban el contacto con él. Otro efecto colateral del síndrome consiste en que se corre el riesgo de crear guiones disfuncionales también en el ámbito de las relaciones más importantes e íntimas.
Al ser una especie de altruista pervertido el riesgo es, en efecto, el de crear a su alrededor, por complementariedad, egoísmos insanos, es decir personas viciadas , habituadas a recibir sin dar jamás.
Aun cuando algunas veces tengamos que decir que no, el problema es que nunca podamos ser capaces de llevarlo a la práctica.
El gran problema es no generar la capacidad de reaccionar y alcanzar el objetivo que es decir "NO" frente a una demanda de ayuda.
Fuente: Coaching estratégico
Por: R. Milanese, Paolo Mordazzi

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