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miércoles, 22 de julio de 2009

El Contrabandista

+ Nasrudín solía cruzar la frontera todos los días, con las cestas de su asno cargadas de paja. Como admitía ser un contrabandista cuando volvía a casa por las noches, los guardas de la frontera le registraban una y otra vez. Registraban su persona, cernían la paja, la sumergían en agua, e incluso la quemaban de vez en cuando.
Mientras tanto, la prosperidad de Nasrudín aumentaba visiblemente.
Un día se retiró y fue a vivir a otro país, donde, unos años más tarde, le encontró uno de los aduaneros.
- Ahora me lo puedes decir, Nasrudín, ¿Qué pasabas de contrabando, que nunca pudimos descubrirlo?
- Asnos - contestó Nasrudin.
La anterior es una alegre muestra de lo crucial que es poder andar en el umbral entre la locura y la cordura, en darnos cuenta que a veces andamos dormidos por no dar significado a lo que verdaderamente importa. Tal vez no seamos más que una multitud de locos que deambulan por el mundo recordando algo que se nos olvidó: que la vida es mucho más sencilla de lo que parece, si despertamos esos destellos de locura, de la que nos hablan los sufíes.
El mundo en guerra actual nos anima a condenar a unos a favor de otros, en caer en la solidaridad virtual sin límites, en condenar en vez de crear; Nasrudin nos muestra que sólo la locura nos salva de la locura; el reto es ser más locos que los locos, como lo dice el principio de discontinuidad: “ cuando estamos demasiado acostumbrados a algo nos queda imposible verlo diferente no será que continuamos criticando las instituciones, la guerra, la violencia y todo lo establecido, sin situarnos realmente en el campo de lo imposible ?
El genial Bernard Shaw se preguntaba un día:
La gente se fija en lo que existe y se pregunta: por qué ?
Yo me fijo en lo que no existe y me pregunto: por qué no ?
*

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