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sábado, 20 de junio de 2009

Hanna Montana o la venta de emociones

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Publicado el 25-05-2009
por Iñaki Trujillo. Socio director de Grupo Digital.
Fuente: Expansión y Empleo
La protagonista de esta película se manifiesta como un ejemplo de liderazgo que utiliza las emociones como su mejor baza para conseguir su objetivos.
El pasado sábado me acerqué con mi familia a una sala de cine madrileña para ver la tan anunciada Hannah Montana, the movie. El cine estaba a rebosar y, sinceramente, no pensé que fuese a suceder algo parecido: la pupette, figura por otro lado antigua desde lo inmemorial repetida en el icono que representa, –una pepona rubita que canta como los ángeles–, aparecía en la pantalla como un ser admirable y, a juzgar por las expresiones del público, admirada, casi idolatrada.
No recordaba un fenómeno semejante desde Memorias de África, por lo apasionante, o La lista de Schindler, por lo emotivo. Me pregunté, he de confesar, igualmente conmovido, qué habría hecho que los asistentes saliéramos de la empanada habitual, para que encima de la que está cayendo manifestáramos, casi abiertamente, algún tipo de sentimiento.
Desde mi perspectiva, lo que la película había logrado era algo aparentemente simple: nos había transmitido emociones.
Hannah, en realidad Miley, se manifiesta en la película como un ejemplo a seguir. Ejerce un liderazgo efectivo en su faceta personal y en su vertiente profesional, a través de la generación constante de emociones, tanto en su público como en su gente.
Su padre, Billy Ray, influye en ella de forma positiva, haciendo que no se olvide de sus orígenes en Tenessee, el hogar de sus abuelos. Trata de que su hija no se deje llevar por lo accesorio y ponga los pies sobre la tierra, recobrando su vida y lo que de verdad le mueve a cantar y a relacionarse: altos valores. De esta manera fomenta el autodescubrimiento de Hannah, sin decirle directamente qué es lo que tiene que hacer. La apoya conversando apaciblemente o preguntándole qué consecuencias tendría una conducta u otra. Es todo un coaching paternofilial.
Reflexionemos sobre las empresas y organizaciones en las que desarrollamos nuestra actividad profesional. Pensemos en nuestro entorno y en la forma en que interactuamos, sobre todo, en qué tipo de sensaciones provocamos en los que nos rodean. A veces, para estar seguro de qué es lo que rezuma nuestro accionar, es mejor preguntar. Seguramente nos llevaríamos alguna que otra sorpresa.
Cualquier modelo de liderazgo que se precie se basa en la opinión que de cada uno tienen, todos aquellos que habitualmente se relacionan con nosotros. En suma, cómo influimos en ellos.
Los modelos más vanguardistas lo hacen en torno a emociones. El coaching directivo opera de la misma manera. Trata de que el coachee realice y palpe, a través de sus conductas, las reacciones que llevan consigo.
Las emociones provocan en los sistemas límbicos de nuestros colaboradores actitudes positivas que implican la inhibición de sentimientos negativos, tales como el miedo o la ansiedad y, como consecuencia, predisposiciones productivamente sanas para afrontar el nuevo escenario que nos está tocando vivir.
Hoy la función directiva está más condicionada que nunca, por los resultados que obtienen los líderes en un contexto recesivo. Cumpliremos con nuestros objetivos si logramos crear ambientes que emocionen y que creen sensaciones positivas.
'Hanna Montana'
Director: Peter Chelsom
Nacionalidad: Estados Unidos, 2009
Género: Comedia musical

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